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Según el ministro Arce, sería una estupidez que Bolivia siga financiando el déficit de EEUU

Escrito por  Oct 28, 2013

Alejandro Zegada/ El País
Las jornadas intensas del sexto Encuentro de Economistas desarrollado en Tarija terminaron marcando un cambio de discurso en cuanto al uso de las reservas monetarias de Bolivia, que han alcanzado máximos históricos. 

Hace sólo unos meses las autoridades del Gobierno central defendían la política de prestar nuestras Reservas Internacionales Netas (RIN) a bancos y países desarrollados. Pero tras la conclusión del evento, el ministro de Economía y Finanzas, Luis Arce Catacora, consideró que sería bueno “desconectarse de esos centros financieros que son en realidad una perturbación para todos”.
Desde un principio, el encuentro estuvo lleno de sorpresas. La primera de ellas, fue encontrar al vicepresidente Álvaro García Linera y al representante del Banco Mundial (BM) sentados en una misma mesa, y coincidiendo en adoptar una visión más “pragmática” sobre el manejo de la economía, que plantea combinar políticas llamativamente similares a las aplicadas durante los años “neoliberales” con las políticas sociales.
Sin embargo, los ponentes invitados del segundo día presentaron visiones distintas a las esgrimidas en la primera jornada. El ministro Arce dijo que “ya no pensamos en el BID (Banco Interamericano de Desarrollo), en el BM, en la banca privada. Nos desconectamos de esos”.
Los académicos economistas Alicia Girón (mexicana) y Julio Gambina (argentino), tras sus exposiciones, coincidieron en que Latinoamérica debería avanzar hacia una unión monetaria y fiscal. Girón lamentó que todavía no haya despegado el Banco del Sur “porque en una época de crisis era para que se hubiera fortalecido. Pero bueno, creo que realmente los intereses de estos países es que prefieren tener una mayor relación con el FMI (Fondo Monetario Internacional), el BID y el BM, que una relación entre ellos”.
En la misma dirección apuntó Gambina, quien considera que “América Latina tiene que despegar lo que se ha llamado la Nueva Arquitectura Financiera. Significa que los países orienten sus RIN para desarrollos financieros alternativos”, como la conformación de alianzas estratégicas en materia energética, de soberanía alimentaria, y autonomía productiva y financiera entre los países de la región.
Indicó que, sin embargo, los principales obstáculos para avanzar en este sentido están al interior de los propios gobiernos progresistas de la región, identificando que “hay una traba, si se quiere, ideológica, de que solo hay que buscar soluciones en el marco del capitalismo. Pienso que la gran limitante es que no hay una imaginación más allá del orden capitalista, y por eso se termina subordinando a la potencialidad de hacer lo que se puede, y no imaginar que se puede ir más allá”.
El ministro Arce dijo a El País concordar plenamente con la idea de usar los recursos económicos nacionales para fortalecer la citada nueva arquitectura financiera: “Estoy totalmente de acuerdo, totalmente de acuerdo. Samir Amín ya lo planteó hace mucho tiempo atrás. Se llama el Desmontaje de la Globalización. O sea, desconectarse de esos centros financieros que son en realidad una perturbación para todos”.
Asimismo, enfatizó que “hay que fortalecer nuestras organizaciones, eso está claro. ¿Para qué vamos a financiar el déficit de los EEUU? Eso sería una estupidez. Hemos planteado hace rato eso”.
Pese a esto, lo cierto es que importantes flujos provenientes de nuestras RIN siguen teniendo como destino los bancos y países desarrollados. La razón de ello: La “estupidez” parece estar institucionalizada en el propio reglamento de inversiones del Banco Central de Bolivia (BCB), generando la continuidad de esta situación.

Reglamento de inversiones del BCB: una camisa de fuerza
El presidente del BCB, Marcelo Zabalaga, informó: “El reglamento dice más o menos en qué tipo de instrumentos pueden invertirse las RIN. Y además dice en qué tipo de países, con qué grado de calificación. Entonces, mayormente, no invertimos en países que tengan menos que una calificación A, por eso invertimos en países que tenga AA, AAA o una A”.
¿Y quién califica a los países, bancos y organismos? Según Zabalaga, “hay calificadoras de mucho prestigio que califican a los países, y nos atenemos a esta calificación para que nuestras inversiones no corran riesgo. Y resulta que la mayor parte de los que tienen calificación A para arriba, son países del norte. Son EEUU, que tiene AA+ ahora, y otros países, Japón, etc”.
El oligopolio de calificadoras de riesgo, y que calificaron las deudas de Bolivia, EEUU y muchísimos otros países, está constituido por la Fitch Ratings, la Standard and Poors (S&P) y Moody’s, con sedes en EEUU e Inglaterra.
La actual calificación de la deuda boliviana, según estas agencias, es de sólo BB-, pese a que las RIN constituyen el 52% del PIB (de lejos la proporción más alta de la región), y pese a tener un importante superávit fiscal (inédito en la historia nacional), según presentaron con orgullo tanto el vicepresidente García Linera como el propio ministro Arce.
En contraste, Estados Unidos, que en los últimos cuatro años ha tenido un déficit fiscal de 1,5 billones de dólares, que se sostiene con billonarias deudas, y que casi entra en incumplimiento de pagos en medio de un duelo político interno, tiene una calificación de AA+, y por tanto se hace de parte de las reservas internacionales bolivianas, siguiendo lo instruido por el propio reglamento del BCB.

Nefastos antecedentes de
las “prestigiosas” calificadoras
En realidad, estas calificadoras, que Zabalaga califica como de “mucho prestigio”, han sido duramente criticadas por analistas internacionales, autoridades, e incluso la presidenta argentina Cristina Fernández.
En palabras de Fernández, “las calificadoras son empleados de los bancos que les dicen cómo tienen que calificar la deuda”. Citó como ejemplo un caso en Australia, donde una jueza condenó a Standard and Poor’s a pagarle a trece municipios, lo que por haber sido mal asesorados por esta calificadora, fueron estafados y perdieron 30 millones de dólares en manos del banco ABN Amro.
“Todo es una formidable artimaña montada para esquilmar a las sociedades. Estamos hablando de Australia, que perdieron 30 millones de dólares por creerle a S&P”, enfatizó la presidenta argentina.
Pero eso no es todo. Hace poco cayeron dos bancos uruguayos que contaban con la calificación de máxima confiabilidad (AAA) asignada por S&P, según informó el también argentino investigador Luis Balaguer, quien considera que “son alarmantes los malos ejemplos en las calificaciones de las deudas soberanas de los países, subordinadas de los bancos y de grandes compañías”.
De acuerdo con Balaguer, “cuando los gigantes estadounidenses Enron y WorldCom fraguaban sus contabilidades ocultando deudas, contaban con las más altas calificaciones de S&P, Moody’s y Fitch Ratings. En Enron mantuvieron la categoría de ‘alto grado de inversión’ aún después que el descalabro era público y sus acciones habían caído de 70 a 3 dólares”.
El ministro de Economía y Finanzas de Argentina, Hernán Lorenzino, criticó la calidad del trabajo que realizan. Según Lorenzino, las evaluaciones de las calificadoras influyen sobre el valor de las deudas que analizan, “generando procesos negativos a modo de profecías autocumplidas”.
Lorenzino dijo que “las crisis financieras internacionales de 2009 y la actual, han demostrado las limitaciones de la metodología de análisis que aplican la calificadoras de riesgo”, y que gracias a ellas se han “intensificando los efectos de la crisis”.