Doble aguinaldo y desastres naturales

Feb 17, 2018

El presidente Evo Morales lo vaticinó en enero, antes de los desastres naturales. El exministro Luis Arce Catacora lo confirmó esta semana, después y durante los desastres.

El doble aguinaldo va, porque la economía crecerá a más del 4,5% este 2018, a pesar de los embates climáticos que causaron desastres en distintas regiones.
Es más, tanto el Ministerio de Economía como el Banco Central de Bolivia (BCB) ratificaron la meta de crecimiento económico de 4,7% para este año, muy superior a la proyección realizada por organismos internacionales (3,9% el FMI, 3,8% el Banco Mundial, 4% la CEPAL).
Según las autoridades, los sectores que empujarán al PIB serán los sectores de construcción y obras públicas que se prevé crecerán en 7%; electricidad, gas y agua 7%; servicios de la administración pública 6,1%.
Esto sin contar con la banca privada, que crecerá este año en al menos 5,2%, tras una década de crecer al doble que el PIB –en promedio un 11,3% entre 2006 y 2016- y cuyas utilidades crecieron en 600% entre 2006 y 2017 (según el viceministro de Pensiones y Servicios Financieros, Óscar Ferrufino), acumulando ganancias por 2.252 millones de dólares.
Que el sector de construcción y obras públicas sea el puntal de lanza del crecimiento económico este año tiene sentido, según los analistas, particularmente para los primeros meses de 2018, precisamente debido a las obras de reconstrucción en las áreas afectadas por las inundaciones.
Ya lo había anticipado el ministro de Economía, Mario Guillén, en entrevista con La Razón en noviembre de 2017: “Estamos acelerando la inversión pública, que nos va a permitir tener también un buen crecimiento en el sector de la construcción”.
Con los desastres y las consecuentes obras de reconstrucción, el sector de construcción y obras públicas se acelerarán más, y podrían ayudar a disparar las cifras del PIB, sin que esto implique una auténtica realización económica y mucho menos un dinamismo de las empresas privadas nacionales.
Es cierto que la inversión pública es considerada como una política contracíclica en momentos en que existen presiones externas que podrían reducir el crecimiento económico.
Sin embargo, los expertos advierten que cuando se la utiliza solamente para inflar las cifras del PIB, indicador por demás engañoso sobre la salud de la economía, puede tener efectos contrarios a los deseados en el mediano plazo.
Estos efectos negativos pueden agravarse en perjuicio de los sectores productivos de la economía real, cuando el PIB se utiliza en su contra: obligarles a cargar con costos adicionales injustificados y técnicamente infundados, como el doble aguinaldo.
Un problema adicional de todo esto es que el gasto púbico (del que forman parte las citadas obras, entre otros) se financiará con un nuevo incremento de la deuda externa. Esta ya se duplicó en esta década, llegando a 9.317 millones de dólares, que equivale al 24,6% del PIB, según el BCB.
Hace alrededor de una semana, la ministra de Planificación, Mariana Prado, informaba que este año el gobierno tiene “proyectado generar contratos de préstamo por 2.000 millones de dólares para varios proyectos”. Con esto, la deuda externa rondará el 30% del PIB.
La proporción todavía está por debajo del 40% del PIB, que es el techo que maneja el presidente del BCB, Pablo Ramos.
Sin embargo, el expresidente del BCB, Armando Méndez, advirtió que el 30% ya es “una señal” para “bajar el ritmo de expansión de esta deuda”. Méndez recordó que la deuda externa va a aumentar porque el déficit fiscal de 2018 es elevado (7,8% del PIB) y que “ese déficit fiscal se va a financiar fundamentalmente con deuda externa. Así se sostendrá el gasto público programado para este año”.
El panorama parece ser el de una economía que crece ya no en base al gas, sino ahora en base a la deuda –obras públicas de por medio-, con lo que es difícil negar el matiz artificial de esto. Y de “yapa”, un doble aguinaldo forzado.