Volver a la gestión

Dic 11, 2017

Arranca una semana que, a priori, tiene pinta de que será una semana de transición a la recta final del año con sus homenajes, recuentos y despedidas y a su vez, una especie de semana de resaca después de vivir la semana política más intensa del año.

Desde que el último martes de noviembre el Tribunal Constitucional diera por válidos los argumentos del Movimiento Al Socialismo (MAS) para dinamitar el ordenamiento jurídico del país y algunos de sus consensos constitucionales básicos, como la limitación de mandatos, el resto de los acontecimientos han llegado precipitados por ello.
Los resultados de las elecciones judiciales del 3 de diciembre, administradas de forma muy correcta por el Tribunal Supremo Electoral, lo cual en sí mismo ya es un acontecimiento político dados los antecedentes recientes, acabaron por consolidar un mapa político delicado en Bolivia y con demasiado margen a la interpretación, sobre todo para aquellos que quieren arrastrar el agua a su molino.
Bolivia está prácticamente partida en dos en lo electoral. Una situación derivada no del trabajo de la oposición tradicional, que sigue pataleando en el mismo sitio desde 2003, sino de la deriva autócrata del MAS, con Evo encerrado entre intereses corporativos y empresariales cada vez más lejos de sus bases.
La radiografía del 3 de diciembre se parece demasiado a la del 21 de febrero de 2016 donde el MAS sufrió su más dolorosa derrota. El pueblo negaba la posibilidad de modificar la Constitución para permitir, por una única vez, la habilitación del presidente Evo Morales para las elecciones de 2019. Morales perdió por el 51 por ciento de los votos, pero como es sabido, en pocas semanas el presidente empezó a bromear con “el segundo tiempo” y meses más tarde consumó la amenaza de espaldas al pueblo.
Parecía que esta situación, cinco días antes de las elecciones judiciales del 3D, iba a acabar por quebrar al país, debilitar más al Movimiento Al Socialismo y darle una ventaja considerable a la oposición. El pueblo podía manifestar su rechazo en las urnas solo cinco días después votando nulo a las elecciones judiciales, y lo hizo mayoritariamente, pero no en la medida en que la oposición lo esperaba para reclamar una victoria contundente. El avance respecto al 21F es de apenas dos puntos y medio.
Pese a que “todo el mundo” percibía lo que podía pasar en las elecciones judiciales, el MAS apenas tenía hilada una respuesta a los resultados, quitándoles relevancia e incluso relativizando las causas del voto nulo. El Gobierno se dio aire con una agenda internacional para refrescar la coyuntura y listo. Esta semana se esperan otras novedades en el gabinete que pueden acabar por mandar definitivamente al olvido los resultados del 3D, pero sobre todo, la habilitación de Evo Morales; pues esa parece ser la finalidad última.
Más increíble todavía es que la oposición tradicional no tuviera nada preparado más allá de tirar de manual exagerando cifras al sumar blancos y nulos y reclamar para sí una “victoria arrolladora” que en la práctica no es tal. La reacción agria ante la convocatoria del Gobernador Adrián Oliva y su equipo a las diferentes fuerzas políticas nacionales a construir una agenda política propia tiene que ver con la falta de previsión. El enojo posterior probablemente con los resultados razonablemente buenos en lo que tiene que ver con la convocatoria: Samuel Doria Medina, Tomasa Yarwi que es lo mismo que decir la vicepresidenta de Tuto, el FRI, Jaime Paz y algunos representantes menores de Sol.bo y Demócratas, que al menos aparecieron.
El riesgo para la gestión del gobernador Adrián Oliva luego del paso dado es evidente. Se han firmado varios fideicomisos pero hay muchas más reservas con el tema de los créditos privados y con destrabar algunos de los proyectos grandes. Y por si acaso, el Ministerio Público ya le ha recordado que está dispuesto a disparar ante cualquier paso en falso. Políticamente, Oliva también podrá capitalizar esto, consecuencia directa además posterior a haber actuado como le reclaman algunos ex aliados, que lo acusan de tibio contra el MAS.
El año está por terminar y es momento de volver a mirar la gestión; hacer una evaluación y ajustar las estrategias. Ojalá se evalúe el componente de gestión y no solo el político, porque la carrera es todavía larga para empezar y acabar parado.