×

Advertencia

JUser: :_load: No se ha podido cargar al usuario con 'ID': 908

Bolivianos plantean 4 polos textiles para salir del trabajo “esclavo”

Escrito por  Oct 02, 2015

JORGE SALOMÓN/ EL PAÍS EN/BUENOS AIRES
Para solucionar la problemática de la explotación laboral en la industria textil, la servidumbre y el trabajo esclavo al que son sometidos miles de trabajadores bolivianos, en la ciudad de Buenos Aires,

miembros de la fundación La Alameda (organización que trabaja a favor de bolivianos), exigen que se audite la cadena de producción de las grandes marcas y se controle el origen de su fabricación.
Además piden que todos sus trabajadores aparezcan en planillas y sus prendas se costuren en las mismas fábricas y no en talleres externos que en muchos casos son clandestinos.
Añadido a esto, ante la falta de políticas públicas que favorezcan la producción con trabajo digno, La Alameda impulsó junto al Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti) y al gobierno de la ciudad, la creación de un polo textil que funcione como Centro Demostrativo de Indumentaria (CDI) en la zona de Barrancas.
Esto ocurrió en el año 2009, se emplearon máquinas industriales incautadas y otras gestionadas por Inti y cedidas en comodato a las cooperativas. También se usaron máquinas especiales que son patrimonio de las mismas cooperativas. Todo esto con el objetivo de que los trabajadores se capaciten, asesoren y se controle el trabajo de las cooperativas textiles.
Actualmente, los activistas proponen que se creen cuatro polos textiles en cada uno de los puntos cardinales de la ciudad, volcando equipos incautados y gestionando programas gubernamentales para facilitar que personas que trabajaban en talleres clandestinos, bajo condiciones de explotación, puedan ir a trabajar ahí. Los mecanismos tendrían que generarlos el Estado a nivel nacional, provincial y municipal.
El País EN visitó el Centro Demostrativo de Indumentaria (CDI) de la zona de Barracas, donde tienen sede 10 cooperativas textiles y se emplea a cerca de 100 trabajadores. El objetivo fue conocer cómo funciona esta alternativa productiva y si realmente puede ser una solución a la compleja problemática de la industria textil, la explotación laboral y los talleres clandestinos.
El lugar que es un gran galpón dividido en espacios de trabajo está acondicionado para el funcionamiento de las cooperativas textiles cumpliendo las condiciones de seguridad e higiene que son exigidas por ley. Cada una de las cooperativas cuenta con espacios separados suficientes para que sus miembros que oscilan entre los 6 y 15 puedan desempeñar sus funciones diarias, con jornadas de ocho horas de lunes a viernes.
Algunas cooperativas provienen de ex trabajadores de talleres clandestinos, otras eran fábricas que quebraron como es el caso de camperas Lacar, en este caso los trabajadores armaron la cooperativa y continuaron con la marca. Empero, hay otras que pertenecen a organizaciones sociales o que funcionaban en un lugar que no estaba en condiciones y por eso se le cedió el espacio.
Según la información recolectada en el CDI, las cooperativas tienen subsidiados el alquiler, los servicios de luz, gas, agua, teléfono y el equipo técnico que los acompaña, además del tema administrativo y de gestión, donde el Inti se encarga del control de remitos, facturas y pagos impositivos. Todos los trabajadores están registrados y anotados al mono tributo.
Néstor Escudero, técnico del Inti, miembro fundador de Alameda y uno de los administradores del lugar, relata que en el año 2007 ante la confiscación de maquinaria de tejedoras industriales y un contexto de allanamientos y confiscaciones tras el incendio del año 2006, se logró conmover a los funcionarios del Estado y gestionar para que el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, aporte un espacio en la zona de Barracas. Se pudo también acondicionarlo para crear adentro talleres que funcionen en el marco de las normas legales.
El control y la administración del lugar está a cargo del Inti que controla el funcionamiento de las cooperativas y aporta  conocimiento técnico para desarrollar una producción sustentable “en busca de ser una referencia para que se replique el ejemplo y el resto de los talleres se empiecen a regularizar siguiendo esta línea”, afirma.
Escudero enfatiza que si bien el lugar funciona, las cooperativas no son numerosas, ya que cuesta mucho mantener grandes grupos. Debido a que como no tienen jefes, empieza a haber diferencias y problemas internos que hacen que los grupos sean más reducidos y no puedan mantener un plantel grande.
Sin embargo, algunas se pudieron afianzar y otras empezaron hace poco a Instalarse. Destaca que se necesitarían políticas públicas serias y claras sobre el funcionamiento y control de la cooperativas, además de tres polos textiles más, en la zona sudeste, Liniers y la zona Norte, para tener un circuito que cubra toda la ciudad.
El técnico añade que las personas que se salen es porque consiguen un trabajo mejor o cambian de rubro, o también porque muchos no entienden la lógica de una cooperativa y no tienen la costumbre de trabajar y compartir todo, desde las decisiones, costos  y el proceso productivo.
“Las cooperativas que funcionan en el polo textil tienen en claro que el lugar no es como un taller clandestino y que el presupuesto se hace en ‘blanco’, se trabaja una cantidad de horas determinadas que es la establecida por ley, y los precios no los ponen los fabricantes, sino que son los propios trabajadores, lo que los proponen  tomando en cuenta los tiempos y costos que tienen para producir”, resalta Escudero.

El caso de un tarijeño
Eyber es tarijeño, hace 12 años que vive en Buenos Aires y es miembro de la cooperativa 9 de Diciembre que funciona en el Polo de Barracas, él cuenta que migró porque en Tarija no hay mucha salida laboral y su sueldo no le alcanzaba para mantener a su familia.
Cuando Eyber llegó a Buenos Aires encontró rápidamente trabajo en el rubro textil pero “en negro” en un taller clandestino y sin ninguna garantía laboral. Así trabajaba 14 horas al día, empero luego de dos años con el asesoramiento de unos amigos comenzó a trabajar “en blanco” en diferentes talleres y se quedó a vivir en Buenos Aires con su familia, aunque señala que visita Tarija constantemente.
En el último taller donde trabajó Eyber, la dueña estaba acostumbrada a estafar a la gente, vaciando el taller en los feriados largos y dejando a los trabajadores en la calle, a pesar de que los trabajadores se enteraron de esta situación un fin de semana, vació el taller y quedaron 85 personas sin trabajo y con sueldos adeudados. Con el apoyo de organizaciones como Darío Santillán y La Alameda llevaron su denuncia a la justicia y armaron la cooperativa, que al principio tenía 40 miembros y hoy cuenta con 14.
“Nosotros ya vamos a cumplir dos años con la cooperativa y aunque es difícil conseguir clientes hay varias marcas que vienen buscando nuestro laburo, aquí trabajamos ocho horas al día y me llegó a gustar, no dependo de patrones, hago mi trabajo y gano para mí, y entre todos nos repartimos el trabajo de forma equitativa y sacamos un valor minuto entre 60 y 80 centavos de peso. Pero lo más complicado es el tema administrativo porque es como mantener una fábrica” enfatiza.
Luego de toda su experiencia el costurero resalta la importancia de hacerse asesorar con miembros de la colectividad boliviana u organizaciones como La Alameda que apoyan a los migrantes. Recomienda aprovechar las oportunidades laborales que hay en este rubro.

Piden que el Estado argentino cree un nuevo polo textil en los predios de ex fábrica de la marca Soho

Los miembros de la cooperativa “Soho” que la fundaron a partir de la quiebra de esta marca en 2014 presentaron un pedido de expropiación para que el estado utilice el edificio  que actualmente ocupa esa cooperativa conformada por 15 ex trabajadores, buscando que se  instale un nuevo polo textil en la zona norte de la ciudad de Buenos Aires.
Buscan que se garantice un lugar de trabajo principalmente textil, que cuente con servicios como el de guardería,  dado  que ante la escasez de lugares públicos, muchas madres solteras terminan  en un taller clandestino porque ahí las dejan ir con sus hijos.
Ezequiel Conde, presidente de la cooperativa Soho, señala que es muy difícil que una cooperativa prospere sin una política pública adecuada, pero afirma ante la quiebra de la empresa y tras siete años de lucha, de procesos judiciales, denuncias de contratación de talleres clandestinos, lavado de dinero, vaciamiento de la empresa y el armado de una fábrica paralela por parte de los dueños, las opciones que quedaron eran armar la cooperativa o quedar en la calle.
Para armar el taller los miembros de la cooperativa de Soho  se capacitaron en costura porque eran todos trabajadores de corte, ya que cuando había la fabrica el costurado se lo hacia afuera en talleres clandestinos. Hoy  tiene dos tiendas, una en el mismo predio y otra en una galería en Morón que posee mayor movimiento comercial. Añadido a esto la cooperativa tiene un puesto de venta en el mercado solidario de Bond Plan.
“Nosotros no creemos que la cooperativa sea la solución de los problemas, porque en Argentina no hay ninguna política de Estado para acompañar a las cooperativas, hay algunos planes, pero se termina casi siempre en precarización o fraude laboral. Si no hay un Estado que arme un plan real para las cooperativas, donde intervenga y controle sin importar el apoyo político partidario, las cosas no funcionan” enfatiza Conde.
Ezequiel añade que es muy difícil que funcione una cooperativa sin capital inicial  y gestión de diferentes áreas como diseño, marketing y comercialización que les permitan salir a competir en la industria textil.

Polo Textil de Barracas funciona hace 6 años

 Inti es el supervisor

Los técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti) son los encargados de la supervisión del trabajo que realizan las cooperativas en al Centro Demostrativo de Indumentaria (CDI) que hace 6 años funciona en la zona Sur de Buenos Aires en el barrio de Barracas

 Área de Corte

En el polo textil de Barracas funcionan 10 cooperativas con casi 100 integrantes y están compuestas en su mayoría por migrantes bolivianos que tienen sus espacios propios y otros comunes como el área de corte, que utilizan de manera colaborativa entre las diferentes cooperativas.

 Maquinaria

La maquinaria con la que se cuenta en el centro es moderna y proviene de incautaciones a talleres clandestinos. Fue cedida en comodato a las cooperativas o adquirida por las mismas cooperativas de acuerdo a sus necesidades y tipo de prendas que costuran o confeccionan.