El rodillo

Escrito por  Jul 14, 2010

Por José Gramunt de Moragas, S.J.

En la jerga política es conocido el término de rodillo parlamentario, que mejor  podría llamarse aplanadora por su eficiencia en no dejar que levante cabeza ninguna iniciativa disidente, por óptima que sea. 

La fama del rodillo parlamentario no la ganó por la riqueza de contenidos sino por su chatez y simpleza absolutista. Idea única, jefe único, discurso único. Otra cosa sería el pluralismo democrático equilibradamente dosificado, enriquecido por la variedad de sus ideas y el vigor de sus convicciones. Yo añadiría que, en los tiempos de la brillante oratoria parlamentaria se escuchaban con deleite y se aprendía sin gran esfuerzo los grandes principios de la democracia pluralista y las sabias lecciones de la tradición republicana. No diré que todo aquello fuera ejemplar: También sobraba retórica hueca, grandilocuente y empalagosa. El rodillo, en su versión oratoria, consiste hoy en la repetición de los lugares comunes socio-políticos del MAS y en los sofismas que trenzan algunos cerebros escogidos por los dioses del Olimpo plurinacional. El rodillo o la aplanadora es uno de los vicios más consentidos por el MAS. Se utilizó para aprobar la Constitución de la Calancha (Sucre) en noviembre del 2007,  hazaña que se cobró tres vidas y varios heridos. Aquello fue un ejemplo vergonzoso de consenso unívoco,  absoluto y obligatorio a ciegas.

En un precepto de la Constitución “de la Calancha” se dispone que, en el plazo de seis meses deben aprobarse y promulgarse cinco leyes orgánicas indispensables para que el contenido principista de la Carta Magna puede ponerse en ejecución en toda regla. Esas leyes son las siguientes: La del Órgano Electoral, la del Órgano Judicial, la del Régimen Electoral, la del Tribunal Constitucional y la ley Marco de Autonomías y Descentralización. Esta última ha levantado protestas extra-parlamentarias, tales como la marcha de campesinos del oriente agrupados en la Cidob y se espera una fuerte reacción en el debate sobre las autonomías. Pero dentro del Palacio Legislativo (con tanto cambio populista, me pregunto si no resultará neoliberal y “ancien regime seguir llamándole Palacio), el terreno está “aplanado” por el rodillo masista,  acostumbrado a dar por aprobadas leyes sin y discernir cada uno de sus artículos ni debatirlos con la oposición, hoy desmedrada.

A pesar de esto, no dudo de que en las leyes aprobadas habrá aciertos en tanto formen parte del patrimonio jurídico universal, de los derechos humanos y del simple sentido común, y también porque – ojalá -  fueron madurados y asimilados con tiempo, sana doctrina  y buena fe. Pero mucho me temo que también habrá muchos errores garrafales, precisamente por su procedencia ideológica masista y por la excesiva rapidez del debate, insuficiente o inexistente. Además, siendo la mayoría de los parlamentarios mejor dotados para los quehaceres sindicales, agrícolas y domésticos – muy honrosos todos ellos – más preparados,  digo, que en el difícil arte de legislar ex novo, o sea desde lo más profundo de las bases del novedoso Socialismo Indigenista del Siglo XXI,  se da por descontado que los resultados serán, al menos, cuestionables. Es natural.  El Estado Plurinacional Socialista, Comunitario e Integrador está dirigido por esa nueva clase política.   Y, por el momento,  no hay otra que la sustituya con la misma fuerza.