El tabú del suicidio, responsabilidad, culpa y medios de comunicación

Escrito por  Víctor Burguete/El País eN Nov 12, 2015

Alejandro era un joven bromista, social y carismático. Tenía muchos amigos de todas las edades, mayores, jóvenes, se llevaba bien con todo el mundo. Era “gustero”, le encantaban las hamburguesas y los dulces. En su casa, su madre, Cristina, no podía encender la licuadora sin que Alejandro apareciera de cualquier lugar de la casa para probar cualquiera que fuera la comida que estuviera preparando.
Le gustaba compartir con los demás, hasta el punto que sus pertenencias, aparatos musicales o cualquier otro artilugio, a menudo desaparecían de su casa para ir a parar a los hogares de sus amigos, a quienes se los prestaba o en la mayoría de las ocasiones se los regalaba.
Alejandro era un chico como cualquier otro joven de su edad. Sin embargo, un día, con tan solo 20 años, decidió poner fin a su vida. Nunca nadie imaginó, ni percibió ninguna señal que alertara o advirtiera de que Alejandro estuviera pasando por un mal momento.
“Te mentiría si te dijera que nos habíamos dado cuenta de que algo así pudiera haber pasado, nunca jamás. Nunca se me había pasado por la cabeza. Nunca. Ninguna señal. Es más no ha dejado ni siquiera un mensaje ni ningún otro indicio de por qué lo hizo”, cuenta su madre Cristina. El de Alejandro es un caso inusual ya que este tipo de suicidios no suelen ser comunes.
“Estos casos son raros estadísticamente, pero posibles. Las personas tenemos microepisodios psicóticos, momentos en los que nos desconectamos de nuestra vida real y entramos en una vida diferente. Generalmente esto ocurre en el trance del dormir despertar pero cuando estos microepisodios ocurren en estado de vigilia algo puede pasar. Las personas se desvían, se confunden, se van, o intentan suicidarse. El suicidio siempre tiene una razón. Son posibles pero estadísticamente insignificantes”, explica el jefe del departamento de psicología clínica del Intraid (Instituto de Prevención, Tratamiento, Rehabilitación e Investigación de Drogodependencias y Salud Mental), Fernando Gonzales.
La mayoría de la personas que finalmente acaban quitándose la vida son personas con trastornos depresivos. No en vano, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en 2020 la depresión será la segunda causa de incapacidad del mundo.
“La depresión es una tristeza amplificada patológicamente, diferente a la tristeza. Es tan grande en magnitud que interfiere en la vida normal de las personas. Depresión es una enfermedad que altera varias funciones corporales del cuerpo: el apetito, el sueño, la sensación de placer, la respuesta sexual, se pierde peso, se pierde pelo… pero esencialmente disminuye la calidad de vida y la persona en una escalada empieza a tener, no voluntariamente, ideas parásitas de muerte. Las personas que atraviesan por este episodio requieren algún tipo de ayuda para que puedan restituir las funciones intelectuales y físicas pérdidas”, apunta Gonzales.
Por lo general, la persona que sufre de depresión transcurre un largo tiempo hasta que decide quitarse la vida por lo que, en ese intervalo de tiempo, se puede actuar para prevenir el suicido.
Existen algunas medidas que se pueden adoptar entre la población para prevenir el suicidio como la restricción a los medios del suicidio; una información responsable por parte de los medios de comunicación; la introducción de políticas orientadas a reducir el consumo nocivo de alcohol; la identificación temprana, tratamiento y atención de personas con problemas de salud mental y abuso de sustancias, dolores crónicos y trastorno emocional agudo, señala la OMS en un informe sobre la prevención del suicidio.
Otras medidas como la capacitación de personal sanitario no especializado en la evaluación y gestión de conductas suicidas, el seguimiento de la atención dispensada a personas que intentaron suicidarse y la prestación de apoyo comunitario son factores que deben que deben trabajarse para prevenir estas muertes.
“El suicidio es un problema complejo y, consiguientemente, las actividades de prevención exigen la coordinación y colaboración de múltiples sectores de la sociedad, incluidos los de salud, educación, trabajo, agricultura, comercio, justicia, derecho, defensa, política y medios de comunicación. Esas actividades deben ser amplias e integradas, dado que ningún enfoque individual por separado puede tener efecto en una cuestión tan compleja como el suicidio”, destaca el informe.
El sector más vulnerable en relación al suicidio son los adolescentes y los jóvenes de 16 a 29 años. De hecho el suicidio, dice la OMS, es la segunda causa de muerte en el mundo en los jóvenes entre 15 y 29 años. En 2020 se calcula que las muertes provocadas por el suicidio podrían superar el millón y medio al año.

El tabú del suicidio
Uno de los principales enemigos para reducir el número de suicidios es el tabú que rodea a estas muertes y a las enfermedades mentales.
“El suicidio es una conducta asocial no esperable. Las familias suelen tener una doble fachada para fuera. Tengo que quedar bien, nuestra familia es honorable, nuestra familia no ha pasado nada… Dependiendo de los lugares, la doble fachada es muy importante”, considera el psicólogo forense Carlos Velásquez.
Para Gonzales, en cambio, una de las claves es la comunicación. “En pleno siglo XXI no debería haber un tema que no se charle. Deberíamos charlar en todas las instancias. Todos nos tenemos que sentar en una mesa, sin que medien tragos, y charlar. Lo que conviene es que las personas hablen lo más claro del tema”.
Cristina también tiene claro que el tabú no favorece en nada por lo que, desde que se le propuso contar su historia, no dudó en prestarse para que su testimonio pudiera servir a otras familias que puedan pasar por una situación tan dura como la suya.
“Nadie es culpable de las acciones de los demás, sea tu hijo, tu esposo, sea quien sea. Nadie es responsable de los actos de los demás. No te pasa una desgracia por gusto. No creo que ocultarlo o negarlo nos vaya a ayudar, ni a mejorar, ni a sobrellevar el dolor. Es evidente que es algo que te puede costa, probablemente más cuando es un dolor reciente, pero cuando te lo guardas es como quedarte con algo sin digerirlo y no te ayuda”, opina desde su experiencia personal.
Es precisamente ese tabú sobre el suicidio y las enfermedades mentales el que frena los programas integrales de salud mental y prevención al suicidio que está relacionado también con la falta de concienciación de la sociedad sobre la importancia de la salud mental.
“Hay otro problema en Tarija que es el prejuicio ante la salud mental. En cualquier otro lugar las personas se hacen una revisión médica mental al año. Hay gran resistencia a admitir que tengo un problema. La salud mental sigue siendo la última rueda del carro en la mente de las personas. Decir voy a ir al Intraid porque he tenido una discusión con mi novia, no lo hacen porque tienen la revisión anual del dentista o el ginecólogo. Al Intraid van cuando las papas queman, cuando es urgente”, subraya Gonzales.

Cómo afrontar el suicidio
Cuando una persona tiene que afrontar el suicidio de alguien de su entorno, el primer sentimiento que le pasa por la cabeza es el de culpa.
La primera reacción es la negación del hecho y posteriormente la búsqueda de responsables. “Le echamos la culpa a los amigos, al novio, a la novia, a los medios de comunicación, a todos los que podemos. En esta etapa hay que ver cuál ha sido la culpa de uno y si se supera se puede pasar a una etapa de de crecimiento”, indica el psicólogo del Intraid.
La familia en la mayoría de los casos no puede entender las razones que han llevado a su pariente a quitarse la vida por lo que al principio la reacción es cargarse la culpa encima hasta que se intenta transferir a un tercero.
“Esta situación no beneficia a nadie. La persona ha tomado la decisión de quitarse la vida y lo hizo. No podemos evitarlo. Lo que pasó, pasó y no tiene remedio. Es duro pero la vida continúa. El sol sigue saliendo, hay que ir a trabajar. La culpa no ayuda, lo que hace es generar enemistades, provoca que alguien tenga que cargar con el muerto y el muerto se quitó la vida solo”, apunta Velásquez.
Frente a esa culpa el jefe de psicología clínica del Intraid aboga por sustituirla por responsabilidad. Es decir, transformar la culpa en responsabilidad para con los que quedan vivos, se debe tener responsabilidad con los que todavía están cerca.
“Si alguien me preguntara alguna vez si siento culpa… Soy su madre y probablemente la persona que más lo conocía o que más obligación tenia de conocerlo. Al principio si me he sentido muy culpable porque decía qué es lo que no he hecho o lo que he dejado de hacer para que esto pase, cómo no me he dado cuenta. Pero después me di cuenta de que no es correcto. A pesar de no ser una mujer perfecta he hecho un buen trabajo con él”, cuenta Cristina.

La labor de los medios de comunicación
wEn los medios occidentales existe desde hace mucho tiempo un pacto tácito por el que no se dan este tipo de informaciones por temor al efecto llamada. Sin embargo, son varios los expertos que consideran que debería abrirse ese silencio y tratar este tipo de informaciones, siempre y cuando se traten desde un punto de vista preventivo y nunca dejándose llevar por el sensacionalismo y el morbo de los detalles.
En Tarija, lamentablemente abundan las informaciones en las que priman los detalles y no se aporta ningún tipo de información que sirva de ayuda a la población.
“Cuando una situación es muy cubierta por los medios, evidentemente hace que ciertas personas se afilien y tengan la probabilidad de hacerlo de la misma manera. Pero también es cierto que si no se informa y no se generan procesos reflexivos en los espacios familiares pues es una información que queda en el aire y nadie dice nada. En algunos casos como que la gente no sabe reconocer la posibilidad de que su hijo o pariente tengan esas tendencias”, dice Velásquez al tiempo que subraya que no hay necesidad de dar ciertos datos “morbosos”.
El suicidio se puede prevenir hablando de lo bonita que es la vida, lo lindo que es comerte un helado, ver como tu hijo mete gol en la cancha, lo lindo que se siente un beso, de los éxitos que puedes lograr si de veras te esfuerzas, teniendo en cuenta que de los fracasos forman parte de la vida y hay que aprender de ellos, apunta Gonzales.
“Los medios para ganar protagonismo compiten por ver quién muestra más. Finalmente es obtener lucro. Ahí estamos mal. Los valores convertidos en monetarios. Los medios de comunicación que no necesariamente compiten en ser el primero en lo desastroso pueden perfectamente usar la otra estrategia”.
Una opinión que comparten también los familiares afectados como Cristina, quien considera que es una falta de respeto mostrar esos detalles escabrosos.
“Para mí es totalmente irrelevante. ¿Para qué el detalle? ¿Para qué explotar esa imagen de miedo que para lo único que sirve es para lastimar más? Desde mi punto de vista ese tipo de noticias no deberían darse nunca”.