Tres casos de muerte en Tarija cuestionan entrenamiento militar

Escrito por  Sep 23, 2013

Por: Patricia Ibáñez Molina
La violencia en los recintos militares y la vulneración de los derechos humanos son temas preocupantes e inquietantes principalmente ante los sucesos irregulares que reportan el fallecimiento de oficiales y conscriptos, tanto a nivel nacional como local.

En los últimos tres años en Tarija se suscitaron tres hechos de muerte, el más emblemático que puso en “tela de juicio” la excesiva violencia en la formación militar fue el del subteniente Grover Poma Guanto, quien murió supuestamente agredido a golpes hace dos años y medio en la Escuela de Cóndores de Sanandita.
Pero más allá de este hecho, en febrero de este año se dio el caso de la misteriosa muerte de Ceooly Espinal, oficial de caballería que habría fallecido por un derrame cerebral y hace poco más de dos meses el soldado Carlos Churata halló la muerte a consecuencia de un disparo accidental cuando realizaba la revista militar.
Estos casos sin duda lamentables ponen en cuestionamiento la excesiva violencia o el actuar imprudente de algunos militares, ya que no es la intención generalizar la responsabilidad; sin embargo estos hechos  brindan un mal antecedente de las Fuerzas Armadas y no sólo por los casos suscitados en Tarija ya que a nivel nacional se tienen datos con índices más alarmantes.
El abogado investigador de la Defensoría del Pueblo de Tarija, David López Cortez, asegura que según reportes a nivel nacional, sólo en estos tres últimos años murieron 20 conscriptos en diferentes unidades militares de Bolivia.
“Esto preocupa mucho, inicialmente pensábamos que ya no existía violaciones a la integridad física, psicológica y moral en los cuarteles porque había reducido el número de casos, pero investigando con mayor detalle vemos que no es que estos hechos hayan bajado considerablemente, sino que más bien no se han denunciado”, asegura.
El abogado agregó que existen a nivel Bolivia 342 casos denunciados en contra de las FFAA, aproximadamente 90 denuncias de conscriptos, de estos 72 sobre la integridad física. Del total de los casos, 242 fueron atendidos favorablemente y en el resto, específicamente en el tema a la integridad física, se establecieron responsabilidades para que se inicien procesos internos que puedan ir al Ministerio Público, entre estos se encuentran los casos que se dieron en Tarija.
El rol importante que cumplen las Fuerzas Armadas como defensa de la soberanía nacional no es cuestionable, empero la muerte de los que se están formando militarmente es lo que nos lleva a preguntar si la violencia sería el motivo o simplemente la fatalidad es la que estaría ocasionando estas muertes.

Entrenados para matar
“Son profesionales para matar, no se puede decir de manera menos directa”, opinó el abogado investigador de la Defensoría de Tarija, reconociendo que si bien las FFAA tienen a cargo la seguridad del país, la instrucción militar debería prevalecer dentro del ámbito del respeto a los derechos humanos.
“No queremos que se formen mercenarios, necesitamos que se especialicen en la carrera militar y estrategias de seguridad del Estado, pero respetando la vida, la integridad física de las personas, su dignidad humana. Que no les laven la mente,  que se vuelvan ciudadanos proactivos en el desarrollo integral de la sociedad, que respeten y protejan los derechos humanos”, manifestó López Cortez.

Nueva mentalidad de las FFAA
Formar hombres rudos no es ya la mentalidad  de las Fuerzas Armadas de Bolivia, aclara por su parte el comandante de la Región Militar de la ciudad de Tarija, coronel Oriel Cardozo. “En los cuarteles no hay violencia, tenemos directivas de instrucción, normas y reglamentos, que estipulan cómo debe ser el trato a nuestros soldados a nuestros  subalternos. El maltrato está completamente prohibido y aquel personal que incurra en este tipo de faltas es sancionado drásticamente”, asegura Cardozo.
Aclaró además que los mandos superiores e inferiores están abocados esencialmente a la formación de soldados, capacitándolos tanto en instrucción como en ramas técnicas, “estamos abocados a riesgos, somos militares y entrenamos para defender a nuestra patria con manejo de armamento. Existe  cierto tipo de riesgo y lógicamente van a ocurrir accidentes, muchas veces por el descuido de alguno que está al mando, responsable de alguna instrucción, y otras veces por el destino”, dijo.
Formar el carácter y mentalizar a los soldados en el patriotismo requiere ciertas exigencias pero éstas no implican violencia o pruebas que dañen a la persona, “eso se perdió completamente tanto en los cuarteles como en nuestros institutos de formación ya no existe esta situación”, añadió.

Experiencia que no se olvida

La subsistencia en los recintos militares se determina por el buen comportamiento y el acatamiento de reglas y normas. Una falta acarrea una sanción determinada según la indisciplina, bien sea “al plantón”, en posición firme con el fusil al hombro o  el trote por  unas horas; si la falta es más grande la sanción máxima implica un día o medio día de arresto privándose al conscripto de su fin de semana de franco.
La formación militar representa toda una cultura diferente de ver y encarar la vida, desde el saludo, la forma de caminar, marchar, trotar, todo expresado en el dominio corporal, resistencia a la fatiga, control de los efectos del cansancio, incorporando ciertas actitudes que se desarrollan a partir de la instrucción individual como la posición firme y dirigirse a la persona mirándola fijamente a los ojos.
“Hábitos de disciplina, responsabilidad,  buen comportamiento que generan un espíritu sobrepuesto al cansancio y a la fatiga”, si bien esto suena prometedor en concepto, las exigencias de la vida militar no son para todas las personas es por eso que muchos evaden el servicio militar o una vez dentro se retiran, pero los que vivieron esta experiencia de formación nunca la olvidan.
Sea cual fuera el sufrimiento, la privación o el dolor, el soldado se siente orgulloso de haber sido parte de alguna unidad militar, es el caso de Ismael Morales, chuquisaqueño de 39 años, que estuvo de acuerdo en ser destinado a la ciudad de Tarija para hacer su servicio militar obligatorio cuando tenía 18 años.
Estando en el pago aprendió a bailar chacarera, pero además sintió en carne propia la rigidez de la formación militar, castigos, plantones, “sarceadas”, reprimendas hambre, frío y calor, incluso recuerda patadas, golpes y abusos; sin embargo nada de esto parece trascendente en los recuerdos que preserva sobre  esa etapa de vida que considera una de las más anecdóticas, fuertes y  gratificantes para ser el hombre capacitado que su país necesita.
“No es que esté orgulloso de esa época, pero si aprendí mucho sobre camaradería, aún así aborrezco a los militares y su forma cuadrada de ver la vida”, aclara.
Casualidad o no, los consultados sobre el tema estuvieron de acuerdo en asegurar que la formación militar es violenta, agresiva en un nivel físico y mental; sin embargo los que sobrevivieron la experiencia también afirmaron que les trajo resultados enriquecedores en cuanto a actitud de vida con pautas de comportamiento disciplinado, independiente y calificado.
Empero es innegable el incremento de denuncias sobre hechos de violencia en el ámbito militar, situación que debe ser resuelta.