PEDRO SHIMOSE Y LA PATRIA

Escrito por  Jun 09, 2013

Heberto Arduz Ruiz

Al detenernos en la relectura de poemas del vate riberalteño Pedro Shimose –desde hace años avecindado en tierra lejana-, dentro de la vasta bibliografía por él producida, que sobrepasa la decena de títulos únicamente en cuanto a su obra poética se refiere, nos conmueve y penetra la epidermis encontrar expresiones en torno a la patria, enfocada desde los más disímiles ángulos que su lírica le inspiran.

Por razones de espacio de esta columna, a modo de ejemplo sólo nos ocuparemos de algunas imágenes utilizadas por Shimose. En su libro “Quiero escribir, pero me sale espuma” (1972), en el poema “El exilio comienza”, bajo el subtítulo, o glosa, “Ya me voy, ya me estoy yendo”, con maestría describe el ambiente previo que rodea a quien se ve forzado a abandonar el solar en que nació y creció para emigrar hacia otra latitud, quedando el núcleo familiar en absoluta desprotección: “Madre, no llores, dime “hasta luego” y escríbeme seguido./ La cordillera está cerrada./ La pena es un juguete en manos de mis hijos./ Le digo a Rosario que se mantenga serena./ atrás quedan mis 31 años”.
Y luego continúa: “Lejos del ladrido de los perros, / cada vez más lejos de la noche/ con la patria más cerca/ el altiplano cada vez más pequeñito, / el lago/ con la patria más honda/ la sangre derramada en las fogatas/ con la patria más dentro/ ¡Bolivia/ desgarrándome/ hasta el grito!”. Dolorosa despedida, el prólogo al adiós, como diría otro poeta, invocando el nombre de la patria.
En otro trabajo titulado “¿Qué es el exilio?” sostiene “lejos, muy lejos de ti mismo/ lejos de todo lo que amas y has amado, / rogando que tu patria no se acabe nunca”.
En el poema “Carta a Margarita Villca”, asentado ya en territorio ajeno dirá “Margarita, / La patria arde como un leño en mi memoria”. Un cúmulo de recuerdos, la ausencia de los seres queridos, falta de trabajo, inseguridad al pisar otro suelo, en fin, toda una carga negativa pesa sobre la espalda del exiliado, la misma que gravita mental y psicológicamente en el orden afectivo y de convivencia social, de adaptación al medio.
Pasados unos años escribirá la poesía “Primavera”, exaltando la nueva estación: “Tú eres mi patria: / la inmensa y sola/ ternura de la / tierra”. De selva, trópico, caudal de ríos sonoros y bullicio de la fauna amazónica, estuvo poblada la infancia de Shimose, por lo que su musa transforma vivencias, experiencias y sentimientos en composiciones poéticas y musicales que el pueblo las siente suyas.
En otro memorable poema, “La casa de la libertad”, Shimose vuelve sobre esta temática: “No sé cómo se explica, pero entiendo/  las muertes que recibo como herencia/ en esta patria de explosión y estruendo”, para remarcar a continuación “¿Dónde estás, libertad? No es suficiente, /oh, patria, haber roto el cautiverio/ y haber sacrificado al combatiente”.
Y desde más allá de nuestras fronteras, concluirá: “¡Oh, patria hostil, amorosa, amarga, mía, / mi corazón restalla en el aceite y el fuego!” (…) “¡Cuán solo sin ti, país terrible y bienamado!”
De este modo, en el precioso collar que el poeta día a día engarza sus perlas, la patria descansa y se agita muy cerca de su corazón.