CON ROBERTO ECHAZÚ NAVAJAS

Valora este artículo
(1 Voto)

Heberto Arduz Ruiz

La luz se proyecta sobre el valle en una cálida mañana. Tiempo propicio para compartir, dialogar y desentrañar el pensamiento oculto de uno de los más connotados poetas tarijeños, Roberto Echazú Navajas. No hay presentación formal y las palabras brotan cordiales, amables, cual si dos personas –unidas por el mismo sentimiento de amistad- al cabo de cierto tiempo se volvieran a encontrar...

–¿Recuerdas cuándo escribiste tu primer poema?
–En 1957, cuando realizaba estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Córdoba. Con anterioridad a esa época, escribí algunos poemas que posteriormente yo mismo me encargarla de "rotularlos" como excluyentes del oficio.
Sencillo, asequible a la conversación, tal corno son los originarios de ese jirón patrio. Escrupuloso en su quehacer, casi disculpándose exhibe varios borradores de poemas –escritos en una noche rociada de vino- que no acaban de satisfacerle.
–Si con propiedad se puede, o debe, necesariamente, rotularse las creaciones del espíritu, ¿cómo encasillarías tu poesía? o dicho en otras palabras, ¿qué tipo de poesía es la tuya?
–Cada poeta tiene, si es que el término vale, un modo diferente de "definir” su poesía. Sin embargo, entiendo que el poeta, más que nadie, debe hacer un postulado de su propia realidad, sin importarle si esa realidad corresponde o no a un determinado rótulo o clisé.
Echazú vive inmerso en el mundo que le rodea, captando mensajes con el magnetismo de una fina sensibilidad, y devolviéndolos, en alas de la poesía, a sus semejantes. Ha publicado dos poemarios: “1879” y “Akirame”; el primero data de 1961 y el otro de 1966, con una segunda edición en 1977. En forma discontinua, la prensa nacional y revistas especializadas del exterior cobijan poemas sueltos que el autor remite desde Tarija.
–¿Existe interés, en esta ciudad, por la poesía?
–Sí, aunque como en el resto del país, también existe aquí una crisis de lectura. Quizás la falta de una política sistemática, orientada no solamente a la divulgación del libro sino también a establecer políticas frente a nuestra realidad cultural, hacen que de antemano se condene a ignorar la existencia de tal o cual escritor o, en el mejor de los casos, sólo atribuirles vagamente defectos o genialidades expresamente dictadas por los teletipos.
–¿Valores representativos de la poesía tarijeña actual?
–Prescindiendo de esa actitud patriarcal y solemne necesariamente ligada a los nombres de nuestros grandes poetas, considero que tres de ellos ocupan hoy, aunque con diferentes analogías, un sitial común dentro de la actual poesía tarijeña: Jesús Urzagasti, Edgar Ávila Echazú y Marcelo Arduz.
–¿Qué opinión tienes acerca de los poetas noveles a escala nacional?
–No me atrevería a dictaminar ningún juicio que no sea el de mi respeto por los poetas mayores.
Las respuestas de Roberto Echazú no son evasivas, sino que responden a la actitud asumida por él frente a la vida: sin concesiones para nada, de cara a la realidad, a su realidad. Lo dicho condice con el modo de ser del poeta que no reconoce ataduras ni ligazones de escuelas o capillas literarias. La poesía nace y florece en acto solitario.
De estro hondo y puro, preocupado por el destino de la criatura humana, tiene un sello personal e inconfundible. Esa preocupación, en cuanto hombre que vive y siente, se hace poesía diáfana e intensamente profunda:
Mujeres y niños, hombres y viejos,
morían alegremente.
La fealdad los llenó de alegría
ya madura la muerte.
===
Los que buscan tesoros en la disculpa injusta,
tienen más palabras con que callar la vergüenza
===
El amor, la muerte, tienen, idéntica confianza:
la dicha y el coraje de vivir como sе pueda,
y la muerte que comparte
lo mejor de la vida.
Un juego de imágenes que centellean como luces multicolores, en sucesión vertiginosa. He aquí cuanto sugiere el poemario 1879, del cual elegimos el fragmento anterior.
Quisimos conocer el pensamiento del poeta en torno a otros aspectos, por lo que concertamos dos encuentros sucesivos con él.
–¿Se escribe en Bolivia, actualmente, una poesía de corte universalista, o los poetas se inclinan más por aquella de carácter regional, por la de raigambre popular o tal vez por otra de alcance nacionalista?
–Considero que la poesía boliviana, y este es uno de los aspectos que ya fue analizado en el Primer Encuentro de 15 Poetas de Bolivia, debe partir de su ubicación histórica y social. Pero tampoco le debe ser negada su personalidad. La palabra es y será siempre liberadora en cuanto nazca de valores auténticamente humanos.
–La crítica ha elegido al tríptico formado por Jaimes Freyre, Tamayo y Reynolds, como a los más grandes poetas bolivianos de todos los tiempos, ¿cuál tu opinión sobre el particular?
–Aunque en algunos casos se precisen discrepancias, que es por otro lado patrimonio de la misma crítica, rara vez se coincide en algo, así tan llanamente, sin abordar incertidumbres. Como bien alguien los llamó: "la suprema trinidad del modernismo boliviano".
–Y si se pretendiese añadir otros tres nombres más, ¿a qué poetas elegirías?
–Oscar Cerruto, Jaime Sáenz y Eduardo Mitre.
–¿Estarían ubicados al mismo nivel o en un segundo plano?
–La verdadera poesía no admite planos.
–Las influencias literarias son inobjetables, ¿verdad? De aceptar este criterio, ¿podrías reconocer alguna influencia en tu obra poética?
–Si, como bien se dice nadie nace sin hilo. En todo caso, reconozco como a mis primeros maestros a Saint John Perse, Paul Eluard y Oscar Cerruto.
–¿Prescindirías del acto de escribir poesía?
–Si con ese acto llegaría a prescindir del valor de la poesía.
La producción reciente de Echazú ha recibido el poderoso impulso de la experiencia y ¡por qué no decirlo! del torbellino de la vida con los severos golpes que no pocas veces propina, poniéndonos a prueba por extraños designios. Se levanta, empero, ante él, todo un mundo –a ser redimido por obra de la palabra- para ser creado, o mejor, recreado. Es, nada más ni nada menos, el milagro que insurge del don poético.
No afirmamos a manera de reproche, que esa no es intención nuestra, pero Roberto Echazú debiera trabajar más y explotar la exquisita vena poética que posee. Tiene todas las condiciones, incluida la madurez obtenida en los últimos años, a fin de proseguir la obra –de factura notable- ofrendada a las musas. Recordemos que varios de sus trabajos fueron recogidos en antologías, por autores de la talla de Juan Quirós y Porfirio Díaz Machicao, y recientemente por Luis Ramiro Beltrán, entre otros.
Nuestra visita a Tarija toca a su fin. Una de las experiencias más gratas, el haber tenido la plena vivencia del trato personal con el poeta. En su residencia próxima al Guadalquivir, donde se percibe el murmullo de las aguas color sepia, Roberto nos despide, junto a su esposa Lucila y al poeta Carlos Aróstegui Arce, con un cordial abrazo y la promesa de un hasta pronto.

Del libro “Mis personajes de fin de siglo”
Editorial El Aparapita, La Paz, 2013

  1. Lo más leído
  2. Editorial

Redes Sociales

El País eN @ 2014 | Grupo Boquerón Multimedia Tarija | Noticias de Tarija Bolivia para el mundo | Web desarrollada por alvoluksic.com