Los aliados de Oliva y el calendario

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Jul 16, 2017

La legislatura del ejecutivo departamental se acerca al ecuador, aunque todos los actores son conscientes que el tiempo se acaba en 2019, en esa fecha en la que un MAS en horas bajas, con o sin Evo, enfrentará a una oposición intrascendente unidos o sin unir.

Para entonces las Gobernaciones de todo el país, y también los alcaldes con aspiraciones, tendrán que tomar posiciones firmes y no colará lo de jugar al escondite como en otros procesos recientes.
Para el Gobernador Adrián Oliva y su grupo de leales, dicen los analistas, que corren las fechas más importantes, esas en las que definirá su futuro alejado de las urgencias de última hora. Quienes ahora noten mejoría en su situación lo recordarán un tiempo después. Los que lo sientan solo al calor de las ánforas sabrán que algo no cuadra. Es el momento de la gestión, señalan los asesores más cercanos, en parte para no centrar las atenciones en las urgencias políticas que se empiezan a acomodar en el gabinete.
Oliva, político de largo recorrido, que fue viceministro con 26 años, que jugó un rol importante en el gabinete de Mario Cossío en los años de la lucha autonómica y que se forjó un perfil internacional contra el populismo bolivariano, sabe bien que hacer buena gestión depende también de los aliados con los que te subiste al barco y que la evaluación no puede esperar hasta el final, cuando los ciudadanos empiezan a pensar si revalidar o no un proyecto. Es pues el momento de analizar las alianzas políticas. Después vendrá el ajuste del gabinete.

¿Qué harás, Wilman?
De entre todos los aliados que conformaron Unidad Departamental Autonomista, Wilman Cardozo era el nombre propio más deseado. El chaqueño ha sido considerado granero de votos en el Chaco desde principios de siglo, y lo ha demostrado en varias ocasiones, como cuando abandonado por el establishment chapaco se vio fuera de la lista de Convergencia Nacional en 2009 y se tuvo que ganar el escaño a pleno pulmón bajo el paraguas de René Joaquino y su Alianza Social potosina. También cuando se batió con todo el MAS converso del Chaco para colocar a Marcela Vásquez como diputada uninominal por la región sin que el resto de fuerzas moviera un dedo o cuando se esfumó su ambición de ser alcalde de Yacuiba y se tuvo que batir de nuevo para colocar en la alcaldía a Ramiro Vallejos.
Vallejos nunca se sintió un designado y no tardó en “darse vuelta” apostando por Evo Morales y la nueva - vieja aristocracia maso-chaqueña que copó las instituciones para mantenerse en el poder. Lejos de la Alcaldía, Cardozo contribuyó a forzar la votación en referéndum del Estatuto Regional, que fue aprobado con una mayoría solvente pero no abrumadora, como en otros tiempos lo hubiera sido.
La siguiente carta que se jugó Cardozo fue la de exigir la celebración de elecciones regionales para poner en marcha lo que dice el Estatuto. Tampoco le salió bien. El MAS de la alcaldía de Villa Montes y la Sugobernación de Caraparí y Yacuiba colocó a los suyos en posición transitoria antes de arriesgarse a perder poder  por legitimar al sucesor. El quizá menos autonomista de todos ellos, José Quecaña, es la Máxima Autoridad Ejecutiva Transitoria y Wilman ha empezado a perder influencia.
Es un secreto a voces que Wilman Cardozo quiere ser el primer Ejecutivo Regional del Chaco electo por voto popular pero para ello debe depurar su estrategia. Los pocos sondeos que se hacen en el Chaco indican que Cardozo ha empezado también a perder el respaldo mayoritario de los votantes, esencialmente por su moderación en el discurso rupturista derivado de la alianza con el Gobernador y en menos grado por el manejo de las empresas departamentales. La semana pasada uno de sus operadores más cercanos, Edwin Flores, anunciaba una nueva apuesta política departamental en Bermejo. La ruptura formal antes de elecciones es algo que los asesores de todas las fuerzas dan por descontado y solo falta ubicar en el calendario el momento más adecuado.

¿Dónde vas, Lucho?
El otro caudal de votos lo garantizó en segunda vuelta Luis Alfaro, el histórico líder de la Federación Campesina, primer candidato del MAS a la Prefectura en 2006, mano derecha de Evo Morales para la región por varios años y desde 2014, proscrito.
En primera sumó un 10 por ciento que se antojaba necesario para la segunda en la que Oliva (UDA) y Pablo Canedo (MAS) se la jugaban al todo por el todo. Para otros no era necesario el aporte, lo cierto es que Oliva cerró con Alfaro y la victoria fue por 20 puntos.
Desde entonces Alfaro asumió la secretaría de Gobernabilidad y se convirtió en enemigo número uno del presidente Evo Morales más que del propio Movimiento Al Socialismo. Su papel no está claro, pues en lo que se refiere a las relaciones públicas con otros movimientos sociales, incluidos los campesinos, ha asumido el secretario de Coordinación Waldemar Peralta. Alfaro promueve una agenda productiva junto a su aliado, el secretario Fernando Barrientos, pero que no acaba de obtener el respaldo suficiente del grueso del ejecutivo.
La misión de Luis Alfaro, a cuya cabeza (política) dicen ha puesto precio el propio presidente Evo Morales, llega a su momento de la verdad este mes de agosto con la renovación de la Directiva de la Federación Sindical Única de Comunidades Campesinas de Tarija (Fsucct). Si Alfaro es capaz de quebrar la unidad puede garantizarse un tiempo más en el gabinete, si no lo logra sus horas pueden estar contadas. La Federación, por cierto, atraviesa uno de sus peores momentos luego de haber hecho una gran demostración de fuerza en 2016.

¿Camino a dónde?
El otro frente abierto dentro de la alianza y que el Gobernador debe resolver en el corto plazo es el de la fisura abierta con Camino al Cambio, el sector que recoge la herencia de Mario Cossío con todos sus activos y pasivos y sobre los que la nueva generación, más próxima a Adrián Oliva, aun compartiendo principios, se ha diferenciado.
De menos a más, María Lourdes Vaca, Mauricio Lea Plaza y Luis Pedraza han arreciado críticas sobre Adrián Oliva y su gestión antes y después de escenificar la ruptura. Sin estrategia de diferenciación, están haciendo una labor de desgaste que beneficia, de momento, al Movimiento Al Socialismo, que sin haber resuelto todavía su carencia de portavocías creíbles, constantes y consecuentes, ven como son favorecidos por la lucha abierta.
La apuesta parece ser a que el “antimasismo” permanezca sólido en lo que a las elecciones departamentales se refiere, pero el hueco abierto puede acabar dinamitando los dos bandos abiertos entorno a la opción autonomista y beneficiar a un tercero no tan masista, que bien podría ser la opción con la que amenaza volver Óscar Montes. Una hipotética alianza del sector caminocambista con Montes no les garantizaría en absoluto que, a la hora del ejercicio del poder, se repitiera el patrón que ahora denuncian.
De momento la Gobernación asume más fácilmente el papel de víctima de la deslealtad, llama al orden y la paz y cuestiona para quién hacen el trabajo si es que esto no se trata de una “guerra de pegas” como negaba Luis Pedraza recientemente en su red social Facebook.

Los otros aliados
No parece estar del todo contento Unidad Nacional, el partido de Samuel Doria Medina representado en Tarija por Fernando Campero Paz, que jugó un papel inicial en la consecución de la unidad opositora departamental y que fue basculando del apoyo inicial a Óscar Montes hacia Oliva.
Sin embargo, el partido del ex cementero pagó la escasez de cuadros y no pudo responder como se esperaba desde la secretaría de Gestión Institucional que se encomendó a Fabiana Paz y que aguantó un año. De momento Campero y los suyos han optado por la prudencia y por apuntalar desde el silencio la gestión de Oliva a la espera de la definición nacional, verdadero campo de batalla del partido.
El otro aliado que finalmente concurrió en las mismas listas que Unidad Departamental Autonomista optando al cargo nada despreciable de subgobernador de Cercado, fue Johnny Torres, que un día antes de presentar nombres en el Tribunal Electoral había proclamado su candidatura a la Gobernación en solitario con el MNR.
Torres, que no se esforzó especialmente en campaña, hizo lo previsto, lo que le privó de ser el candidato único de la alianza, y con su cada vez más trillada solvencia mediática ha tratado de posicionar un discurso de victimismo institucional que ni el MAS ha logrado colocar con tanta certeza. Hoy por hoy no es considerado un aliado.

¿Subgobernadores, Alcades o ambos?

El poder territorial del Movimiento Al Socialismo se demuestra en las elecciones nacionales pero también en las departamentales tarijeñas. A pesar de que el Gobernador Adrián Oliva logró ganar con el 60 por ciento de los votos en segunda vuelta, la Asamblea (16 de 30 curules), las subgobernaciones (8 de 11) y las alcaldías (6 de 11) quedaron en manos del partido de Evo Morales.
La crisis general de ingresos afectó más rápidamente al departamento de Tarija, lo que hizo que los subgobernadores y alcaldes buscaran rápidamente cobijo en el Gobierno nacional para tratar de hacer gestión. Así, además de las ocho subgobernaciones masistas se contemplaban comuniones de intereses con la subgobernación de Cercado de Johnny Torres y con la de Robert Ruíz de Villa Montes, que ya en campaña se plegó a la alianza de ISA con el MAS para la segunda vuelta.
Más notorio resultó el vuelco de los alcaldes, más beneficiados con programas nacionales como los Mi Agua, Mi Riego y con el nuevo Fondo Indígena. A los cinco alcaldes del MAS (Gladys Alarcón en Yunchará, Omar Peñaranda en Villa Montes, Hugo Girón en El Puente, Nicolás Herrera en Entre Ríos, Delfor Burgos en Bermejo y Álvaro Ruíz en El Valle) se unieron rápidamente Miguel Ávila, electo por UNIR en San Lorenzo, Wilman Peña y Roger Farfán electos por agrupaciones locales en Caraparí y Padcaya respectivamente y el propio Ramiro Vallejos, electo por UDA en Yacuiba.
El tiempo pasó y los recursos no llegaron en el ritmo esperado, pues la crisis también afecta al nivel nacional. Los subgobernadores quedaron literalmente olvidados por el Gobierno, quien no tiene la menor intención de responsabilizarse de las enormes deudas generadas durante la gestión de Lino Condori pese a que son corresponsables en el dispendioso endeudamiento aceptado.
A los alcaldes además les pidió contrapartes, lo que hizo nacer la Ley del 8 por ciento y que después de una promoción impulsiva acabó desvirtuada con la entrada en vigencia de la Autonomía Regional del Gran Chaco, ya que acaba reduciendo los ingresos respecto a presupuesto. Los alcaldes además tienen sobre su cabeza la pesada deuda de Setar de la que nadie quiere hablar, pero que en algún momento se tendrá que saldar.
Las subgobernaciones van a desaparecer, pero sus ejecutivos no quieren cortar ya su carrera política. Sin apoyo del Gobierno, sus posibilidades de éxito pasan por limpiar la cartera de proyectos y aferrarse a los pocos con impacto suficiente.
Y mientras esto pasa, la estrategia del MAS de asfixiar económicamente para sacar réditos políticos parece haber tocado fondo ante la falta de balones de auxilio desde La Paz y sobre todo, por la falta de liderazgos representativos.