Cambia Evo cambia

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Jul 02, 2017

Se acaba el primer semestre del año 2017 y por primera vez en muchos años se puede asegurar que algo ha cambiado en el gabinete de Evo Morales.

Sea estrategia o casualidad, se cierra el primer semestre, por ejemplo, sin Juan Ramón Quintana ejerciendo de supergerente y sin Marianela Paco ejerciendo su papel de vocera agresiva en plan Torquemada y, contra lo que pronosticaban los autodesignados guardianes de la ortodoxia del Proceso de Cambio, ni el país se ha derrumbado ni el partido ha sido tomado por troles traidores. Es más, los primeros resultados del cambio se empiezan a notar en las encuestas, algo que en ciertos foros se ha empezado a denominar como “la remontada amable”.
Tal es el caso que los más intrépidos analistas aseguran que los buenos resultados de la “remontada amable” han precipitado el relevo por estrictas causad de salud del Ministro de Economía Luis Arce Catacora, siempre irónico y agresivo que encarnaba el estigma “soberbio” que empezaba a detectarse en los sondeos internos como característica esencial atribuida al gabinete de Evo Morales en su conjunto.
El propio Vicepresidente Álvaro García Linera parece guardado en el congelador, de donde solo sale para hablar de temas sin riesgos, como el enfrentamiento con Chile o la cadena perpetua para violadores asesinos de niños; y aun así ha generado cierta resistencia.
El cambio parecería más real que estratégico a la luz de cómo se han ventilado los dos últimos escándalos de corrupción, el de los taladros en YPFB y el de los proyectos fantasmas en Bolivia TV, denunciados ambos desde dentro y donde se ha actuado con contundencia.
El “más malo de todos” parece ahora el presidente Evo Morales, rol que nunca se había reservado para sí mismo, aunque no haya dudado en ejercerlo cuando la coyuntura política lo exigía. Todo parece apuntar a que el presidente Evo Morales parece dispuesto a inmolarse por la continuidad del proyecto y del proceso de cambio, y para ello el primer paso es cambiar el equilibrio de aceptación. Por primera vez y cuando ya solo quedan dos años para las elecciones presidenciales, uno y pico para que se anuncie el nombre del sucesor, Evo Morales parece dispuesto a derrumbar sus índices de popularidad para elevar los de su equipo.

Uno x Uno
Por partes, Juan Ramón Quintana no solo ha dejado el ministerio de la Presidencia en manos de René Martínez, que no ha tardado en configurar su propio equipo, sino que se ha ido de embajador a Cuba, una hipótesis que pocos concedían y que, según todos los manuales de estrategia política,  supone el fin inmediato de las enormes cuotas de poder acumuladas a lo largo de dos legislaturas y media al lado de Evo Morales. Una cosa es retirarse, como cuando se fue un año a Ademaf a acumular más poder y otra exiliarse.
Martínez mientras tanto saluda a todos los medios, y aunque aún no se ha estrenado como artificiero ni como apaga fuegos, parece que las bases le reconocen cierta ascendencia para tomar decisiones.
El Ministerio de Comunicación, capitaneado ahora por Gisela López, parece más interesado en hacer su trabajo y menos en favorecer los millonarios negocios creados al calor de la inutilidad declarada y constatada ahora que hace falta. De momento optan por la vía no traumática porque el juego de intereses es digno de equilibristas. El calendario corre y la cuesta es bien empinada, pero confía en la remontada.
Mientras tanto, Marianela Paco, la ministra que llevó al presidente a sus cotas más bajas de popularidad y contribuyó como pocos a la derrota en el referéndum constitucional del 21 de febrero de 2016, mueve los últimos hilos que le quedan para agradecer a sus leales y se resiste a ocupar su nuevo cargo de diplomática en Chile.

Los asuntos de fondo
El relevo en Economía responde a asuntos privados de Salud traídos a colación de la vida pública para evitar la especulación. Luis Arce Catacora, el “ministro prodigio” halagado hasta la saciedad en foros internos y externos tan cuestionados como el Banco Mundial ha dejado en manos de uno de sus viceministros la “difícil tarea” de conducir la economía nacional en tiempos de turbulencias, como ha reconocido el nombrado Mario Guillén.
Después de una década de “pilotar la nave” con el viento a favor por la coyuntura de precios internacionales, la situación se ha congelado. El Ministro que llevaba esa misma década pregonando que el “milagro” boliviano era endógeno y no venía condicionado por la situación internacional se quedó sin relato. Jugar al contraataque, ironizar, sacar músculo con datos pequeños y esconder los grandes no parecía una buena idea a fin de resistir a toda costa.
Lo cierto es que una vez hundidos los ingresos por la venta del gas quedaron al descubierto las carencias e incoherencias impulsadas durante los años de bonanza, porque al final, había para todos y no importaba demasiado si en vez de elegir el largo y costoso camino de potenciar la industria boliviana para abordar tal o cual proyecto se contrataba una extranjera (así hasta 6.000 millones de dólares en tres años); y no importaba demasiado si en vez de apostar por los bolivianos favoreciendo el crédito, repatriando las Reservas Internacionales e invirtiendo en sectores productivos nacionales los fondos de las Administradoras de Pensiones o la liquidez del Tesoro, se mandaban esos mismos fondos a los “bancos del imperio” a tasas del 1,5 por ciento (pero con jugosas comisiones para los intermediarios). La situación llegó a los extremos de presentar como una buena opción colocar bonos (poco) soberanos por mil millones de dólares (10 por ciento de lo exportado en Reservas) en el mercado internacional al 6 por ciento de interés. Todo estaba bien mientras se repartieran bonos (sin abordar el problema estructural), dobles aguinaldos (en base a un crecimiento del PIB cuando menos cuestionado) e incrementos salariales (sin tomar en cuenta el desempeño sectorial).
El nuevo Ministro Mario Guillén tiene la oportunidad de sincerar una economía que atraviesa por el momento más delicado de la última década. El propio Guillén lo reconoció en su posesión, calificándolo de delicado.
El momento delicado tiene un responsable principal, que es el sector hidrocarburífero, que en su momento tampoco le gustaba que el crédito del buen desempeño se lo llevara el contexto internacional, al que ahora culpan de todos los males.
Después de una década de oscurantismo, ha caído otro presidente interino de YPFB, Guillermo Achá, por un intento de comprar tres taladros, que le hubieran venido muy bien a la estatal petrolera para hacer su trabajo de explorar y explotar como le recuerda la Constitución y que, sin embargo, había sido objeto de la vil corrupción. La misma de siempre pero que  duele quizá un poco más por aquello de que esta vez parecía que YPFB se iba a ir en serio a hacer su trabajo.
La denuncia y depuración de responsabilidades ha llegado desde dentro, desde el Ministerio de Hidrocarburos, y ha contado con la colaboración externa de algunos medios paraestatales que no han soltado el tema hasta que ha caído Achá. El Ministro Luis Alberto Sánchez sale a priori reforzado de esta crisis y en general todo el Gobierno, que no ha mirado para otro lado, aunque tenga daños colaterales como la caída de la licitación de la petroquímica que tanta esperanza había generado en el Chaco.
Otra cosa es que el sector esté mejorando, pues las dudas siguen atenazando al conjunto de la política boliviana. El barril de petróleo cerró esta semana en el entorno de los 45 dólares que presupuestó el Ministerio de Economía con vocación prudente. En el fondo esperaba que los pronósticos de los expertos, que aseguraban el barril recuperaría este 2017 el entorno de los 55-60 dólares. De momento parece imposible, pero no son los problemas exógenos los que más preocupan en el gabinete.
La certificación de reservas que la Ley obliga sigue siendo un misterio desde el año 2013. Una herramienta esencial para la planificación está oculta por motivos que únicamente pueden ser políticos. Las agencias de calificación de riesgos de Estados Unidos, guardianas del imperialismo pero a las que el Ministerio de Economía gusta de contratar rebajó la calificación de Bolivia hace un mes atendiendo a estas dificultades.
El plan está diseñado para llegar a los 20 Trillones de Pies Cúbicos en 2020, una fecha que cada vez está más cerca y para la que se ven dificultades.
El otro asunto que preocupa es el difícil equilibrio entre lo que se produce y lo que se consume, sea en el mercado interno, en franco crecimiento, o en el mercado de exportación, es decir en Brasil y Argentina, donde las interferencias políticas se están materializando en forma de reducción de pedidos y ataques continuos a la credibilidad. A saber, según las informaciones de mayo, el record de producción seguía cifrado en los 61 millones de metros cúbicos (noviembre 2016) mientras que el mercado interno consumía 16 millones de metros cúbicos, el contrato con Argentina se extendía hasta los 20 millones de metros cúbicos y el de Brasil seguía permitiendo 30,5. El equilibrio se logra debido a que Brasil no solicita todo lo que su contrato le permite y que el propio contrato permite un margen de error.

Volver
Cumplido el primer semestre de 2017, el MAS sitúa ya todas sus huestes para la campaña electoral de 2019. Una campaña que sigue teniendo una incógnita que resolver: saber quién será el sustituto de Evo Morales o si por el contrario el MAS se decide a “meterle nomás” o al menos, convocar un nuevo referéndum que revierta la prohibición ratificada en el referéndum de 2016.
El MAS ha iniciado una “remontada amable” imprescindible sea cual sea finalmente el camino elegido. El primer paso está dado, se han aislado los elementos más tóxicos y se han reconocido errores, algo poco habitual. Incluso se ha denunciado corrupción y ha tenido consecuencias inmediatas, algo que se echó de menos en el tratamiento, por ejemplo, del escándalo del Fondo Indígena, todavía abierto.
El MAS siempre ha sido un instrumento medio opaco, que representaba a “los otros” aunque en el gabinete se acomodaran mayoritariamente “los mismos”. Ninguno de “los mismos” tiene el bagaje para reemplazar a Evo Morales, por lo que la solución debe salir del propio MAS y para ello, el MAS tiene que dejar de ser una agrupación de intereses corporativos y convertirse en algo más cercano y con capacidad de resolver los problemas de la gente común, de toda la gente. Empezar haciendo acto de constricción parece un buen primer paso. Debe ampliarse por los departamentos por donde gobierna y sobre todo, por los que hace oposición. O lo intenta.

Sin noticias de la oposición

El problema no había sido ser bueno o malo, más o menos amable, sino que ser malo y desagradable sin tener nadie al frente resultaba innecesario. La oposición sigue sin tener cosas importantes que decir en el nivel nacional mientras guarda los muebles en las cuotas de poder regionales y espera a que la nueva generación, que no sabe de neoliberales ni imperialistas porque han crecido con Evo Morales en la televisión, sean la mayoría de los votantes.
El primer semestre del año no ha servido para develar las intenciones de los principales líderes que, en abril, se reunieron para firmar y presentar una declaración conjunta “en defensa de la democracia” para acto seguido negar que eso fuera a ser una plataforma electoral. Entre los firmantes estaban los ex presidentes Jorge Quiroga y Carlos Mesa, el ex vicepresidente Víctr Hugo Cárdenas, el alcalde de La Paz Luis Revilla, el Gobernador de Santa Cruz Rubén Costas y el aspirante Samuel Doria Medina.
El acto no dejó nada nuevo sobre la hipotética alianza opositora. Ninguno desvela sus cartas y ninguno parece demasiado interesado en defender o apostar por el otro en una hipotética carrera electoral, que es lo que parecía. El “ejemplo” de la Mesa de Unidad de Venezuela, que a todos los congregados parece agradar, implicó un acercamiento de todos los líderes enemigos irreconciliables para acto seguido dar un paso al costado en favor de los jóvenes. Nada de eso parece vaya a pasar en Bolivia, peor en el caso de que finalmente no sea Evo Morales el candidato. Cualquier opositor va a creer tener la potencia suficiente como para vencer al heredero…
A parte de la “oposición clásica” se manejan al menos dos bloques alternativos que podrían concurrir a las elecciones. El primero lo conforman campesinos y ex militantes del Movimiento Al Socialismo, que rechazados desde dentro o por discrepancias conceptuales se han apartado del proceso. El Tarija para Todos de Luis Alfaro y el Chuquisaca para Todos de Isaías Condori son el eje de esta apuesta.
Desde Tarija también se promueve una conformación distinta, emanada desde las regiones a modo de oposición confederada que permita generar una alternativa de poder. La apuesta toma en cuenta los resultados en las elecciones subnacionales si bien los matices a la hora de votar en una u otra elección son diferentes.
Al MAS le queda poco tiempo para definir su futuro de 2019, pero cuenta con ser un partido establecido a nivel nacional y un líder sólido, sea o no sea candidato. La oposición, a dos años de la cita con las urnas, no tiene claro que quiere ser y los cálculos personales se vuelven a imponer. La elección presidencial no tendrá nada que ver con el referéndum del 21 de febrero de 2016. El MAS lo tiene claro, la oposición no tanto.

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