Álvaro Ruíz no es la apuesta

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Jun 18, 2017

El alcalde del Valle de la Concepción, Álvaro Ruíz, parecería ser el masista, converso, mejor situado para luchar por la candidatura a la Gobernación en 2020. Reelegido contundentemente en la capital de la vendimia en 2015, el alcalde dobló su apuesta y se puso al frente de la Asociación de Municipios de Tarija,

una tribuna sin mucho relumbrón y cuyo interlocutor es el Gobierno Nacional, de quien dependen económicamente, pero que Ruíz ha sabido hábilmente convertir en un ariete contra el Gobierno Departamental, y así su plataforma para sumar poder, su verdadero objetivo.
Ruíz juega con que tiene una gestión relativamente limpia, pese a la irregularidad confesa de los áridos y algunos otros problemas con licitaciones, pero sobre todo con la nueva dimensión que ha cobrado el Festival de la Vendimia, un producto muy fácil de marquetear y que ha logrado proyectar tanto al sur como al norte. El Valle es un municipio tranquilo que no resulta difícil de gestionar en lo esencial, aunque le falte agua y alcantarillado. Este es su último mandato, pero Ruíz no tiene ninguna intención de irse a su casa, más al contrario, su carrera de fondo ya ha comenzado.
Ruíz ha logrado engatusar al Ministerio de Comunicación en su estrategia y ha alineado a todos los medios paramasistas del departamento en ello. Ruíz se ha erigido portavoz del movimiento y acapara horas de televisión y portadas. El Ministerio de Comunicación incluso le ofrece notas de prensa y le organiza actos con instituciones del Gobierno para seguir labrando el perfil de candidatable que tanto busca. Al final no se sabe quién trabaja para quién. A nada, el alcalde de El Valle le permite al Ministerio de Comunicación justificar su gasto en Tarija.
En su carrera hacia la postulación ha logrado hacer un amigo especial. Eider Quiroga, secretario de relaciones de la Única y que, con probabilidad, opte a la dirigencia en el Congreso de agosto fue un importante hostigador del MAS y su política de invitados y más bien mantenía un discurso de retorno a los orígenes. Todo parece haber cambiado ahora que la Alcaldía de Uriondo aparece en el catálogo de posibles.
Cuando el presidente Morales le encargó al Senador Milcíades Peñaloza orquestar la oposición a Adrián Oliva, el empresario no dudó en cuál era el punto débil: la plata. Cada vez más escasa por la caída de los precios de los hidrocarburos y con las enormes deudas heredadas de la gestión de Lino Condori, crear un entorno de asfixia para después proyectarlo como incapacidad no se antojaba difícil. En ese marco, Ruíz, que tenía sus propios problemas de liquidez fruto a magníficos proyectos de grandes dimensiones licitados sin respaldo, aprovechó para desarrollar su plan.
La Ley del 8 por ciento, que inicialmente se empujó como Ley del 1% por aquello de que sonaba a menos y pedía ese porcentaje del presupuesto departamental para cada municipio no chaqueño tenía más razonamiento político que económico. Ruíz logró convencer a sus homólogos de que ese era un buen camino para lograr ingresos para reactivar los proyectos concurrentes (no esenciales) que se ejecutan junto a la Gobernación y que no tienen nada que ver con los ingresos corrientes de los Gobiernos Municipales, reducidos objeto de la misma crisis global.
La Ley no gustó un pelo a los Subgobernadores, que evidentemente se convertían en la víctima del bocado, pues de sus transferencias se recortaría el beneficio, pero conscientes de que están llamados a desaparecer por Ley y de sus propios pecados, tampoco hicieron demasiado ruido.
Lo que no ha caído bien en las altas esferas es la caída en la aceptación de Evo Morales en el departamento de Tarija, que no supera el 20 por ciento según las últimas encuestas publicadas y cuya muestra se tomó en pleno conflicto por la paradigmática Ley. Una Ley que, con todo lo que ha llovido y supuesto, ahora ya no es útil.
Una vez consolidada la autonomía Regional, la jugada de tomar como base “todos los recursos departamentales”, incluyendo el 45 por ciento chaqueño, ya no tiene sentido pues son cajas diferentes, en consecuencia, el 8 por ciento de los apenas 600 millones de bolivianos que se esperan este año resulta una cantidad inferior a lo definido en presupuesto. Tanta batalla no ha servido para nada.
Álvaro Ruíz todavía no quiere dejar la batalla. Con la nueva Directiva de la Asamblea, Ruíz ha vuelto a sacar el proyecto de bajo la mesa para tratar de imponerle a Sara Armella la agenda legislativa, algo que no ha caído nada bien al interior del MAS.
Y es que el MAS es un partido complejo, especialmente en Tarija. La primera decisión siempre la toman las matrices, a las que Álvaro Ruíz no pertenece. Después le toca el turno a Evo Morales, con potestad para corregir a quien quiera según le cantan al oído. El problema para Ruíz es que en 2020, si finalmente no se animan a un nuevo referéndum, ni García Linera ni Morales estarán en la pelea sino sus sucesores.

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