Coca del Chapare, símbolo del libre mercado por excelencia

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Dic 31, 2017

Según el Docente-Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas (IESE) de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS, Nelson Manzano, “si existe un producto paradigmático de economía de libre mercado en Bolivia es precisamente el de la coca del Chapare y sus derivados ilícitos”.
Ello se debe a que “la economía de la coca en Bolivia y particularmente en el Chapare está íntimamente ligada a los estímulos y limitaciones que interponen las relaciones de oferta y demanda del mercado internacional de la cocaína”.

Estas son algunas conclusiones de una reciente publicación de Manzano, en la que, usando datos del último informe anual sobre coca de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y del Estado Plurinacional de Bolivia (2017), analiza el comportamiento y las características de este particular producto.
De acuerdo con estas fuentes de información, en la región del Chapare del departamento de Cochabamba -una de las dos regiones donde se produce la coca en Bolivia- en 2016 el cultivo del arbusto significó la utilización de 7.223 hectáreas (ha.), aumentando en un 20% respecto al año anterior (2015), en el que se cultivaron en esta región un total de 6.000 ha. de coca.
A su vez, el precio de la coca en el Chapare durante el periodo 2000-2016 se mantuvo estable en una franja de entre 250 y 400 dólares por cada 100 libras, debido a la también estable superficie de entre 5.000 a 10.000 ha. cultivadas.
En este sentido, Manzano afirma que la coca cultivada en esta región, desde el punto de vista de la demanda interna, “tiene compradores con comportamiento que se podría catalogar como estable durante los últimos años; la fluctuación de sus precios estaría determinada casi exclusivamente” por su capacidad de oferta (producción).
Para el investigador, este comportamiento confirma que la oferta y demanda determinan los precios y equilibrios del mercado de la coca, cumpliéndose así con la teoría ortodoxa capitalista.

Cocaleros, ejemplo de “homo económicus”
El término “homo económicus”, que traducido del latín significa “hombre económico”, es utilizado desde los orígenes del liberalismo económico en el siglo XVIII para designar una abstracción necesaria para la construcción de teorías económicas: el hombre económico es aquel que maximiza su utilidad, tratando de obtener los mayores beneficios posibles con el menor esfuerzo o inversión.
La economía ortodoxa, basada en una concepción capitalista, liberal y neoliberal de la economía, tiene como supuesto central que las personas funcionan como “homo económicus”, es decir que son, por naturaleza, racionales, egoístas y maximizadoras.
Este supuesto ha sido criticado porque en muchos casos y contextos no se cumple. Aunque el investigador del IESE-UMSS detecta que, precisamente, “los productores cocaleros del Chapare guían su accionar -casi exclusivamente- en función al mercado y la maximización de sus beneficios económicos”, con lo que constituyen un ejemplo de homo económicus, para beneplácito de los defensores de los supuestos que sustentan filosóficamente al capitalismo.

En el Chapare palpita
el libre mercado
Según explica Manzano, las eventuales fluctuaciones de la magnitud de superficie cultivada de coca en el Chapare “responden a criterios de naturaleza estrictamente mercantilista”, limitados por determinados marcos normativo-legales, institucionales, sociales, ambientales, pero especialmente de carácter y naturaleza económica, “que en definitiva responden al sistema de precios y beneficios resultante del libre mercado”.
Así, ya que a menor oferta hay mejor precio, en determinadas condiciones una reducción de los cultivos de coca resulta concordante con los intereses de los productores.
Eso es lo que parece haber ocurrido en el Chapare a partir del 2010, cuando bajaron las superficies cultivadas de 10.000 a aproximadamente 5.500 ha. en 2015, lo que generó un incremento tendencial en su precio: de 250 a 400 dólares por cada 100 libras.
Por otra parte, el investigador también ha encontrado que la sobre-demanda (o sub-oferta) no llega a descontrolarse: en el mercado de la coca se mantiene un equilibrio que también es consistente con las teorías ortodoxas del capitalismo.
“El mantenimiento en el tiempo del nivel de ingresos promedios estaría actuando como el factor de principal de estabilidad del mercado. La única forma de que los cocaleros no se opongan a los programas de erradicación anual de cocales es que los precios internos de la coca suban proporcionalmente, y por lo tanto, sus niveles promedios de ingreso por la venta de esta hoja permanezcan estables en el tiempo”, explica Manzano.
Adicionalmente, los cocaleros de esta región “tuvieron ingresos promedios que garantizan con creces la reproducción de su unidad familiar y permite además contar con un margen de beneficios adicionales, sobre todo si se considera -con base en los informes oficiales- que solo el 9,3% de la coca chapareña se comercializa en el mercado legal”.
Esto implica que “el restante 90,7% se habría comercializado (vendido) en mercados no autorizados, o clandestinos y por lo tanto, estaría destinada casi en su totalidad a la producción de su principal derivado químico: la cocaína, con una relación técnica de conversión que es en la actualidad de aproximadamente 300 a 1”.
Todo lo anterior “demuestra una vez más que la producción de la coca en el Chapare es un fenómeno de estricta naturaleza mercantil”, afirma el investigador.

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