“EEUU se está convirtiendo en un país en desarrollo”

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Dic 03, 2017

El profesor emérito del Massachusetts Institute of Technology (MIT), Peter Temin sostiene que EEUU ya no es un solo país, sino que se está dividiendo en dos países separados económica y políticamente.

Uno de estos países es habitado por lo que Temin llama “el sector FTE” (finanzas, tecnología y electrónica, las industrias que generan su crecimiento). Estos constituyen el 20% de la población estadounidense, que goza de educación universitaria, buenos empleos e ingresos.
“Crecen con padres que les leen libros, tutores para ayudarles con sus tareas, tienen muchas cosas estimulantes que hacer y lugares para ir. Viajan en avión y manejan autos nuevos. Los ciudadanos de este país ven crecimiento económico a su alrededor y gozan de posibilidades emocionantes para el futuro. Hacen planes, influyen en las políticas públicas y se consideran afortunados de ser estadounidenses”.
Según Temin, los ciudadanos FTE raramente visitan el país donde vive el restante 80% de los estadounidenses: el sector de salarios bajos. En este otro país, las posibilidades se reducen. “Las personas cargan con deuda y ansiedad sobre sus inseguros empleos, si es que siquiera tienen un empleo”.
Muchas de estas personas “se enferman y mueren más jóvenes que antes. Usan el transporte público y autos que apenas pueden pagar. La familia es algo incierto: las personas no suelen tener pareja a largo plazo incluso cuando tienen hijos. Si van a la universidad, la pagan a través de pesados endeudamientos. No piensan en el futuro, están enfocados en sobrevivir el presente”.
Por su parte, la experta Lynn Parramore, Analista de Investigación del Instituto para el Nuevo Pensamiento Económico (de Nueva York), agrega que mientras los habitantes del mundo FTE “actúan”, los del mundo pobre “son receptores de las actuaciones”.

Mundos aparte
Temin observa que ambos países tienen sistemas financieros, situaciones residenciales y oportunidades educacionales totalmente diferentes. Cuando se sus pobladores se enferman o cuando interactúan con la ley, las cosas que pasan son muy distintas. Ambos mundos se mueven de forma independiente del otro.
“Sólo un camino existe por el cual los ciudadanos del país salarios bajos pueden entrar al de FTE, y ese camino está lleno de obstáculos. Muchos no tienen ninguna salida”.
En este sentido, EEUU, la economía rica más grande del mundo, “está empezando a tener una estructura política y económica más parecida al de un país en desarrollo”, afirma el experto.
“Hemos ingresado a una fase de regresión, y una de las formas más fáciles de verlo es a través de nuestra infraestructura: nuestras carreteras y puentes se parecen más a los de Tailandia o Venezuela que a las de Holanda o Japón. Pero va más allá de eso”.

El comienzo de la división
Parramore nota que todo esto comenzó alrededor de 1970. Para entonces, la productividad de los trabajadores empezó a separarse de sus salarios. Asimismo, la Guerra contra las Drogas, de Richard Nixon, terminó por encarcelar a muchos miembros del sector de bajos salarios, que son, en su mayoría, de la comunidad negra.
Asimismo, “los políticos, cada vez más influenciados por el sector FTE, le dieron la espalda al universalismo del sector público y abrazaron el individualismo del libre mercado. Mientras la forma de hacer política dirigida por el dinero se aceleraba, los líderes del sector FTE ignoraban cada vez más las necesidades de los ciudadanos del sector de bajos salarios, e inclusive empezaron a trabajar activamente en contra de ellos”.
Y el persistente racismo en EEUU sigue teniendo “un impacto continuamente distorsionante”, agrega Parramore.
¿El cambio posible?
Según Temin, “si gastáramos más en actividades domésticas en vez de militares, la clase media no desaparecería tan rápidamente”, y “los efectos de la globalización y el cambio tecnológico podrían ser alterados mediante acciones políticas”.
Por su parte, Parramore dice que se podría “restaurar y expandir la educación llevando recursos de las actuales políticas como las encarcelaciones masivas, hacia el mejoramiento del capital humano y social de todos los estadounidenses”.
También se podría “mejorar la infraestructura, perdonar las hipotecas y las deudas estudiantiles en el sector de bajos salarios, rechazar la noción de que las entidades privadas deben reemplazar a los gobiernos democráticos en la dirección de la sociedad, y enfocarnos en integrar a la población. Podríamos poner impuestos no sólo sobre los ingresos de los ricos, sino también sobre su capital”.
El profesor del MIT observa que el costo de no hacer estas cosas es “incalculablemente alto, e incluso los ricos terminan pagándolo”.
Según Temin, se está perdiendo “la habilidad” de encontrar gente extraordinaria en el sector de salarios bajos, algo que ha caracterizado a EEUU desde la Segunda Guerra Mundial. “Tenemos una estructura que predetermina ganadores y perdedores. No nos estamos beneficiando de todas las personas que podrían contribuir al crecimiento de la economía, a avances médicos o científicos que podrían mejorar la calidad de vida de todos, incluyendo de algunos ricos”.
Esta situación, afirma Parramore, implica que EEUU “no sólo se está revirtiendo hacia un estatus de país en desarrollo, sino que está madurando una situación de seria agitación social que no se ha visto en varias generaciones”.

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