Ya implantan microchips en los cuerpos de los trabajadores

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN May 14, 2017

Un reporte de la agencia de noticias Associated Press (AP), desde Estocolmo (Suecia), da cuenta de una escalofriante realidad: la empresa sueca Epicenter está implantando microchips, del tamaño de un grano de arroz, en sus trabajadores.

“La jeringa se desliza entre el pulgar y el dedo anular. Entonces, con un click, un microchip es inyectado en la mano del empleado. Otro ‘cyborg’ ha sido creado”. Así comienza la descripción sobre lo que ocurren en aquel país del mundo desarrollado.
Lo que podría considerarse como una visión distópica (anti-utopía) del lugar de trabajo, es una realidad cotidiana en esta compañía, cuyos directores argumentan a favor de esta tendencia.
“Su mayor beneficio, pienso yo, es su conveniencia”, dice Patrick Mesterton, cofundador y jefe ejecutivo de Epicenter. Para demostrarlo, abre una puerta simplemente moviendo su mano cerca de ella. “Básicamente reemplaza muchas cosas que uno tiene, otros aparatos de comunicación, sean tarjetas de crédito o llaves”.
Aunque la tecnología en sí misma no es nueva –este tipo de chips suelen usarse en collares para mascotas y algunas empresas los utilizan para rastrear sus envíos-, nunca antes se había utilizado para etiquetar a los trabajadores en una escala tan grande.
Como ocurre con muchas tecnologías novedosas, genera preocupación respecto a la seguridad y privacidad. Si bien los microchips son considerados seguros en términos biológicos, la información que generan puede mostrar con qué frecuencia un empleado llega al trabajo, o qué compran. Y a diferencia de tarjetas o teléfonos inteligentes que pueden generar información parecida, la gente no puede separarse de estos microchips.
Mesterton admite que “poner estas cosas en tu cuerpo es un gran paso, incluso para mí en un principio”, pero “por otro lado, la gente se ha estado implantando cosas en su cuerpo, como marcapasos para controlar el corazón, eso es algo más serio que implantarse un pequeño chip que puede comunicarse con otros dispositivos”.
La tecnología de
los implantes
Epicenter, que alberga más de 100 compañías y emplea cerca de 2 mil trabajadores, empezó a implantar estos microchips a sus trabajadores en enero de 2015. Actualmente cerca de 150 trabajadores los tienen. Otra empresa, con sede en Bélgica, también ofrece a sus empleados estos implantes, y hay casos aislados en el mundo en los que los entusiastas de la tecnología los han probado en años recientes.
Los pequeños chips usan la tecnología de comunicación de campo cercano (Near Field Comunication, NFC), que es la misma que utilizan las tarjetas de crédito sin contacto o los pagos móviles. Cuando se activan por un aparato lector a pocos centímetros de distancia, una pequeña cantidad de información fluye entre ambos dispositivos a través de ondas electromagnéticas.
Los microchips son “pasivos”, o sea que contienen información que otros dispositivos pueden leer, pero no pueden ellos mismos leer información.

Dilema en tiempos de espionaje masivo
El microbiólogo del Instituto Karolinska de Estocolmo, Ben Libberton, dice que los hackers podrían obtener grandes cantidades de información de estos microchips implantados. Y los dilemas éticos se vuelven mayores a medida que los microchips son más sofisticados.
“La información que podrías obtener de un chip que está implantado en tu cuerpo es muy diferente de la que puedes obtener de un teléfono inteligente”, advierte. “Conceptualmente, podría obtenerse información sobre tu salud, sobre los lugares donde has estado, con qué frecuencia estás trabajando, durante cuánto tiempo estas trabajando, si estas tomando recesos para ir al baño, y cosas por el estilo”.
Libberton dice que si este tipo de información es recolectada, la gran pregunta es ¿qué pasa con ella, quién la usa y para qué propósitos?
El tema es particularmente sensible en esta época en la que han salido a la luz las distintas tácticas y métodos que la CIA, la NSA y otras agencias de EEUU utilizan para espiar a ciudadanos propios y extranjeros, a través de teléfonos, computadoras e incluso televisores de nueva generación.
Además, este contexto se ha visto agravado por una ley recientemente aprobada en EEUU que permite a los proveedores de servicios de internet (ISP), como Comcast, AT&T y Verizon, a recolectar información de los usuarios de internet (como la historia de búsquedas, preferencias, gustos y otros hábitos en línea) y luego venderla, sin el consentimiento de éstos.
Esto se suma a lo que Google, Facebook y otras empresas ya han estado haciendo por años, que es usar la información agregada de sus usuarios para vendérsela a empresas de publicidad, pero también para entregársela a las agencias gubernamentales estadounidenses.

Los “cyborgs” no parecen preocupados
Pese a todo esto, el informe de AP indica que el “grupo de cyborgs” de Epicenter no parece estar muy preocupado. Friedric Kaijser, de alto rango en Epicenter, dice “¿y por qué no? Todos se alteran sobre temas de privacidad y lo que eso significa y demás. Pero para mí simplemente se trata de probar cosas nuevas y ver qué cosas nos traerá el futuro”.
Cada mes, Epicenter organiza eventos donde los participantes pueden recibir el implante. Jowan Osterlund de la empresa Biohax Sweden es quien atiende al evento y realiza la “operación”: inyecta el implante a la zona carnosa de la mano, entre el pulgar y el dedo índice, en un proceso que dura pocos segundos, con dolor moderado y casi sin sangre. “El próximo paso de la tecnología es moverse dentro del cuerpo”, indica Osterlund.