Sábado, 18 Noviembre 2017

La “inflación para los pobres” es mayor en tiempos de Evo

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Mar 19, 2017

“En 11 años del Estado neoliberal (1995-2005), la tasa de inflación general alcanzó 55,03% y la tasa de inflación de alimentos y bebidas fue del 47,15% -es decir, esta última estuvo 7,88% por debajo de la tasa de inflación general-.

Sin embargo, en el período 2006-2016 la tasa de inflación de alimentos y bebidas (190,63%) ha estado por encima de la tasa de inflación general (66.03%) en un  124,6%”.
Esta información es proporcionada por el economista César Romero, docente e investigador de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), en base a datos procesados por él mismo, provenientes de la Gaceta Oficial, Instituto Nacional de Estadística (INE), Ministerio de Economía y Finanzas Públicas y del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE).
Romero observa también que el porcentaje acumulado del incremento salarial promedio durante 11 años del Estado neoliberal llegó al 67,03%, superando tanto a la tasa de inflación general (en 12%) como a la tasa de inflación de alimentos y bebidas (en 19.88%).
En cambio, si bien durante los sucesivos gobiernos de Evo Morales el porcentaje acumulado del incremento salarial fue “mucho mayor al observado en los 11 años del Estado neoliberal” (90,5%), éste fue “significativamente menor respecto a la tasa de inflación de alimentos y bebidas” en 100,13%, aunque superó a la tasa de inflación general en 24,47%.

Pérdida de poder adquisitivo
El valor del dinero está determinado por su poder adquisitivo, o sea por la capacidad que tiene para comprar bienes y servicios.
Para “reponer” la pérdida del valor del dinero debido a un aumento en los precios de bienes y servicios (inflación), los diferentes gobiernos de Bolivia han recurrido a la tasa de inflación de bienes y servicios (inflación general), no así a la tasa de inflación correspondiente solo a los alimentos y bebidas, aun cuando la mayor parte de la población obtiene ingresos bajos, del que destinan un mayor porcentaje al gasto en alimentos y bebidas.
Romero considera en este sentido que en Bolivia se ha vuelto una especie de “tradición” que los aumentos salariales anuales se realicen considerando la inflación general acumulada anual, donde el rubro alimentos y bebidas tiene una ponderación -según el Índice de Precios al Consumidor (IPC) base 2007- de 39,33% (en el IPC base 1991 su ponderación fue 49,10%).
Por tanto, desde el punto de vista del valor del dinero, con los incrementos salariales promedio otorgados durante el Estado neoliberal “no solo se preservó el poder adquisitivo de los sueldos y salarios, sino que hubo un aumento de los mismos en términos reales, precisamente porque los incrementos salariales estuvieron por encima de la tasa de inflación general, así como de la tasa de inflación de alimentos y bebidas”, como se puede ver en los datos presentados anteriormente.
Mientras, en el periodo 2006-2016 los incrementos salariales no compensaron la pérdida del poder adquisitivo de los sueldos y salarios cuando se toma en cuenta la tasa de inflación de alimentos y bebidas.

Salario mínimo
redujo la pobreza
El investigador de la UMSS dice que si bien el aumento del salario mínimo durante el periodo 2006-2016 ayudó en la mejora de indicadores macrosociales (reducción de la pobreza extrema y la disminución de la desigualdad en la distribución del ingreso), “ello no fue suficiente para afrontar la inflación de alimentos y bebidas, afectando de forma negativa el poder adquisitivo de los hogares de bajos ingresos”.
En efecto, según UDAPE (2005), las familias en Bolivia asignan en promedio el 60% del gasto total a alimentación; el 20% de hogares más pobres asignan en promedio 70%, en tanto que el 20% más rico solo asigna en promedio el 32%. Los hogares del área rural asignan en promedio el 68% de su gasto total a alimentos.
Datos del BID al año 2008 indican que la población pobre de Bolivia asigna el 61% del gasto total a alimentos, elevándose en el área rural a 67%, mientras la población no pobre asigna solo el 40%.
Otros estudios más recientes revisados por Romero señalan que el gasto promedio en alimentación en el área urbana es del 50% del gasto total, en tanto que en el área rural el 65% del gasto total del hogar se va en alimentación.

¿Qué indicador
se debería usar?
Para Romero, la tasa de inflación de alimentos y bebidas es un indicador más apropiado para el objetivo de preservar el poder adquisitivo de los salarios, y por tanto es el que debería tomarse en cuenta para los incrementos salariales anuales.
Por otra parte, cabe mencionar que quien define los incrementos salariales es el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, pero quien tiene el mandato constitucional de “mantener la estabilidad del poder adquisitivo interno de la moneda” (Artículo 327), es en realidad el Banco Central de Bolivia (BCB).
Sin embargo, el BCB no tiene protagonismo alguno a la hora de definir los incrementos salariales anuales. Y al parecer tampoco es quien define qué indicadores utilizar para este tema.
El Ministerio de Economía, según su sitio web, tiene la misión de: “Consolidar y profundizar el Modelo Económico Social Comunitario Productivo, basado en la concepción del Vivir Bien, a través de la formulación e implementación de políticas macroeconómicas soberanas que preserven la estabilidad como patrimonio de la población boliviana, y promuevan la equidad económica y social; en el marco de una gestión pública acorde con los principios y valores del nuevo Estado Plurinacional”.

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