“La restauración de lo común puede cambiar la sociedad”

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Mar 19, 2017

El investigador británico George Monbiot es otro que considera que el debate entre Estado y mercado es estéril, y que ambos modelos están contribuyendo al malestar y degradación de las sociedades en el mundo.

“El mercado por sí mismo no puede satisfacer nuestras necesidades, y tampoco el Estado. Ambos alimentan la alienación, la ira y la anomia (degradación o eliminación de reglas sociales), que generan extremismos. A lo largo de los últimos 200 años un elemento ha sido el principal ausente de las ideologías dominantes, algo que no es ni el mercado ni el Estado: lo Común”, afirma.
Lo común (también llamado el acervo común, o lo comunal, etc.), es un activo o conjunto de activos sobre los cuales una comunidad tiene derechos compartidos e iguales. Esto, en principio, puede incluir a recursos como el agua, la tierra, los minerales, el conocimiento, la investigación científica y el software.
Pero el investigador advierte que actualmente la mayoría de éstos están cerrados: “atrapados por intereses estatales o privados, y tratados como cualquier otra forma de capital. A través de este encierro hemos sido despojados de nuestra riqueza común”.
Algunos activos o bienes comunes todavía existen. Varían desde por ejemplo bosques comunales en Nepal y Rumania, pesquerías de langosta en Maine (EEUU), pastizales en el Este de África y en Suiza, el Internet, Wikipedia, Linux.
Otros ejemplos interesantes son la Biblioteca Pública de Ciencia (PLOS por su sigla en inglés, ver www.plos.org), y el Banco de Tiempo en Helsinki (Finlandia). PLOS es una biblioteca de acceso abierto, que implica no solo gratuidad sino también acceso irrestricto, libre y transparente, fundada ya en 2001.
En el Banco de Tiempo de Helsinki, sus miembros intercambian una diversidad de servicios por tiempo. Un Tovi (la moneda del banco) equivale a una hora de trabajo. El principio que guía el banco es que el tiempo, el trabajo y las necesidades de todos tienen el mismo valor. El banco es abierto a todos y cualquiera puede aplicar para ser miembro. Su objetivo es apoyar la colaboración mutua entre la gente y a través de ello fortalecer la cultura comunal.
Claro que todas estas son excepciones a la regla general: la propiedad exclusiva.

Lo Común
El exfinancista, investigador y escritor Martin Adams, argumenta que al principio, la tierra pertenecía a todos y a nadie, pero que fue adquirida por una minoría que excluye a otros de disfrutar de ésta. Adams propone que quienes utilizan la tierra de manera exclusiva paguen una “contribución a la tierra comunitaria” como compensación.
Esto, afirma, podría parcialmente reemplazar a los impuestos sobre el ingreso y las ventas, prevenir el acaparamiento de tierras y reducir los precios de las tierras. Las recaudaciones podrían ayudar a financiar un salario básico universal. Y eventualmente su idea es avanzar hacia un sistema en el que la tierra sea propiedad de la comunidad local, la que la arrienda a quienes la utilizan.
A su vez, Monbiot piensa que se podrían utilizar principios similares para la energía. El derecho a producir carbono mediante la quema de combustibles fósiles podría ser subastado. Cada empresa que quiera emitir carbono deberá comprar en subastas estos permisos, y los ingresos generados por estas ventas financiarían servicios públicos y energías limpias. Esto hará que “la demanda por combustibles fósiles caiga, por lo que año tras año se emitirán cada vez menos permisos”.
También observa que “en vez de permitir que las corporaciones utilicen los derechos de propiedad intelectual para crear una escasez artificial del conocimiento, o  que capturen el valor generado por otras personas (como Google y Facebook), podríamos movernos hacia una ‘economía del conocimiento social’, similar a lo que promueve el gobierno de Ecuador”.
La propuesta mencionada se basa en lo que ha estado trabajando el Proyecto FLOK (Conocimiento Abierto Libre) -compuesto por un equipo internacional de investigadores- junto al gobierno ecuatoriano, en los últimos años.
El resultado ha sido un extenso y original documento (titulado “Plan de transición hacia una sociedad basada en el procomún”) enfocado en transformar la matriz productiva de Ecuador, desde una  que es “dependiente del capital extranjero y de la extracción de petróleo” hacia la “construcción de un modelo económico basado en los valores de lo común, la cooperación, y el acceso libre y abierto al conocimiento”.

Urgente restauración
de lo común
“La restauración de lo común tiene gran potencial no sólo para distribuir riqueza sino también para cambiar la sociedad”, afirma Monbiot. Y es que lo común no se refiere sólo a recursos (como la tierra, bosques o software); también incluye a la comunidad de personas que gestionan, manejan y protegen estos recursos.
En este esquema, una gran ventaja es que “los miembros de lo común desarrollan conexiones mucho más profundas entre sí y con sus bienes que nosotros como consumidores pasivos de productos corporativos”.
Gestionar y manejar recursos comunes implica desarrollar reglas, valores y tradiciones: “Significa, en algunos casos, volver a incrustarnos en los lugares donde vivimos. Significa darle una nueva forma al gobierno para que satisfaga las necesidades de las comunidades, no de las corporaciones. En otras palabras, revivir lo común puede funcionar como un contrapeso frente a las fuerzas atomizantes y alienantes que actualmente generan mil formas de reacciones tóxicas”, concluye el experto.

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