Análisis: el cierre de Enatex marca el “fin de una ilusión”

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Ago 21, 2016

La economista-socióloga Tania Aillón, docente e investigadora del Insitituto de Estudios Sociales Económicos (IESE) de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS),

afirma que una lección que se puede rescatar del cierre de Enatex es que “la industrialización del país no pasa por su desarrollo capitalista”, como lo plantea el gobierno de Evo Morales, “sino más bien, por la ruptura con una lógica dentro de la cual nos tocó jugar el papel de proveedores de materias primas”.
La lógica a la que se refiere Aillón es la de la división internacional del trabajo, que en los últimos años ha contribuido a afianzar y profundizar el carácter primario-exportador de la economía boliviana. Dentro de ese contexto, el cierre de Enatex “pone en tela de juicio la viabilidad de un desarrollo industrial en los términos planteados en el proyecto propuesto por el gobierno, de desarrollo del capitalismo andino amazónico”.
Ese proyecto de desarrollo, afirma, no logró resolver una de las limitaciones endémicas de reproducción ampliada del sector industrial en Bolivia: la estrechez del mercado interno, que se convirtió a la larga “en una traba insalvable a corto y mediano plazo”.

Factores de éxito y fracaso
Aillón considera que el relativo éxito de Ametex (el holding previo a Enatex, que funcionó hasta 2013) se dio gracias a la acumulación de capital durante años, basada en una combinación de dos condiciones claves: la existencia en Bolivia de una fuerza de trabajo barata, para reducir costes de producción, y un mercado norteamericano que le permitía saldar la estrechez del mercado interno boliviano y dar el salto a un mercado que por su amplitud y los precios que le pagaba, le garantizaba la acumulación ampliada del capital invertido.
Pero “cuando una de estas condiciones desaparece (el mercado norteamericano), la viabilidad del Holding se desestabiliza y entonces, la otra condición de su acumulación, los bajos costes de fuerza de trabajo, deja de ser una ventaja y se le enfrenta como traba”.
De acuerdo con este análisis, la fuerza de trabajo barata (salarios bajos)  profundizó la estrechez del mercado interno, “cerrando a mediano y largo plazo la posibilidad de una reproducción ampliada de capitales, sostenida en la dinámica endógena de un mercado interno en expansión”.
Según Aillón, la estrechez de un mercado interno, pese a las políticas expansivas promovidas por el gobierno (bonos, subsidios, créditos de consumo, doble aguinaldo, etc.), no sólo no tiene la dimensión necesaria para absorberla, sino que se vuelca hacia los bienes importados y de contrabando.
Debido a la “gran diferencia en términos de productividad de la industria nativa  en relación a la industria de países como Brasil o China”, una importante proporción de la demanda generada por la política expansiva del gobierno no es aprovechada por la industria boliviana, sino que es cubierta con productos  importados.
“Si a esto agregamos la afluencia de mercancías por medio del contrabando, podemos explicar la imposibilidad de que una industria del tamaño de Enatex se pueda sostener o tornar viable sin la captación de mercados externos”, destaca la investigadora.

¿La inserción capitalista de las microempresas es una solución?
Hasta ahora, la dinámica promovida entre los pequeños y microemprendimientos a partir de las medidas expansivas del crédito y de la demanda asumidas por el gobierno del MAS han estado entroncadas “en una formación económica primario exportadora impone los límites a la acumulación de capital industrial”.
Debido a ello, estas medidas parecen más bien haber afianzado dos rasgos que, a decir de Aillón, frenan un proceso de industrialización autosustentado en la propia dinámica del sector industrial en el país.
El primero: “la dinámica de la pequeña y microempresa ha servido para la creación de empleos donde se reproduce la sobre explotación de la fuerza de trabajo (bajos salarios, inseguridad industrial, intensas y extensas jornadas de trabajo, temporalidad en el empleo, etc.)”.
El segundo: “el aumento de estas unidades productivas por la lógica que las guía (ganancias a corto plazo asentadas en la sobre explotación de sus trabajadores) no se convierte en un núcleo de innovación tecnológica” que pueda competir en mercados internos y externos, “por lo que no parece ser promotora de cambio de la estructura productiva del país”.
Persiste entonces una de las características del “capitalismo neocolonial boliviano”: la contradicción entre la necesidad de diversificar la economía en sectores que produzcan valor agregado (para disminuir el grado de dependencia del sector primario exportador) y la reproducción de la propia dependencia de los mercados externos (en la medida en que las actividades productoras de valor agregado en pequeñas y microempresas dificultan la ampliación del mercado interno por la sobreexplotación de la fuerza de trabajo en la que se asientan).
La situación parece entonces mostrar que el sector de pequeños productores “en los que el gobierno asentó su proyecto de desarrollo andino amazónico” no puede convertirse en motor de un cambio en la estructura productiva del país, “por lo que ofrecer a los obreros despedidos de Enatex que emprendan una causa perdida, es por decir lo menos, demagógico”, sentencia Aillón.