Sábado, 28 Enero 2012 01:09

A sus 100 años “Don Colque” continúa curando a los tarijeños

A sus 25 años se inició en el oficio de curandero luego de que decidiera seguir el ejemplo de sus padres, de quienes aprendió cómo curar a las personas en base a métodos naturales y tradicionalistas en la comunidad de Junacas-Provincia O´Connor. Don  Gregorio Colque Lasso, más conocido como “Don Colque”, cumplió el pasado 24 de diciembre 100 años de vida, de los cuales 75 estuvieron dedicados al trabajo de curandero.
Actuamente “Don Colque” tiene alrededor de 75 años dedicándose como curandero, sin embargo él señala que le tomó importancia a los 25 años. Sus padres fueron curanderos de la misma localidad, el gran  interés que mostró en ese trabajo lo llevó al estudio de las plantas medicinales para tener mejor conocimiento al respecto, y dar un mejor empleo de cada una de ellas, y así mejorar la salud de las personas que confían en él.
Gregorio Colque, tuvo ocho hijos, Anibal, Eugenio (+), Adela, Rosa, Carmen, Nora, María y Susana, pero el que siguió sus pasos fue Anibal Colque, quien actualmente atiende a las personas en el Mercado Bolívar, colaborando en la sanación. “Vienen muchas personas con diferentes dolencias, algunas las podemos curar y otras no, creo que la gente que viene tiene que creer porque es la única forma en la que se puede ayudar”, dijo Anibal Colque.
Sus métodos: cuestionados
pero con resutados
Don Gregorio indica que utiliza para golpes externos e internos, algunas plantas medicinales que ayudan “al buen vivir de la gente”, como lo llama, poniéndolas sobre la localización del golpe, cubriendo con algo limpio y manteniéndolo todo el día o noche; así también utiliza un pequeño palito para las torceduras “Según les voy hablando les pongo los huesos en su lugar”, comentó.
Actualmente “Don Colqlue” continúa curando a las personas en la calle Daniel Campos pasando la Víbora Negra, ahí se encuentra desde hace 20 años. La hija, Rosa Colque, nos cuenta que anteriormente su papá atendía a las personas que sufrían algún dolor, en el barrio La Pampa, donde se hizo conocido y asistió a mucha gente, “Es un hombre que dedicó su vida a ayudar a la población”, dijo, la cuarta hija de Gregorio Colque, quien con una voz cansada nos recibió en su casa para hacernos conocer su trabajo.
Para curar el maestro ha desarrollado su propio método de curación, examina al paciente concentrándose en su nombre, apellido y lugar de residencia, con la información así obtenida da inicio a la cura con la toma de plantas, esto permite al curandero y paciente visionar con claridad la enfermedad o el problema por el que atraviesa así como el tipo de tratamiento o cura a implementar, “Le toco la muñeca de la mano y así se cuándo el problema es para mí o le mando a un médico”, dice, Colque.
Lo que hemos observado en función a nuestra experiencia y sobre todo en contacto con el curandero más conocido de Tarija es que el don o el llamado se manifiesta en el preciso momento en el que el comienza a escuchar a las personas, sobre el problema que padece, es ahí donde ya comienza a pensar cuál es la forma en la que puede ayudar, “Me siento muy cansado, espero irme pronto, porque creo que hice todo lo que debía hacer en este mundo”, añadió, el curandero al momento de finalizar nuestra entrevista.
Así también cuenta Don Colque que tuvo que trasladarse a otros lugares para poder curar a algunas personas quienes pidieron su ayuda, y como siempre cuando la gente quiere pregunta ¿Cuánto le debo? él contesta “su voluntad”.

El trabajo continúa
El hijo, Anibal Colque, nos contó que el don fue heredado de su padre, puesto que desde niño pudo observar y acompañar a su padre en el trabajo leal que realizaba, mismo que le ayudó a identificarse con las plantas, con las diferentes enfermedades e incluso con las personas, porque dice “Uno debe saber qué es lo que piensa para poder ayudarle”.
Carlos Landívar, una persona de 45 años, quien estuvo visitando a Anibal Colque, allá en el mercado Bolívar donde tiene un puesto de curación, nos contó que mientras le charlaba, él fue sonándole los huesos, “Llegó al lugar adecuado, me hizo sonar, no dolió mucho sin embargo sé que me voy a sanar rápido de mi dolor de espalda”, dijo.
En el puesto de Anibal se puede observar también a bebés y niños con sus padres, quienes acuden por enfermedades raras, como picazones en la espalda, ronchas, mismos que también son atendidos por el curandero, quien tiene el trabajo de continuar con la labor heredada de su padre.
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