Indígenas compran el agua y la comparten con sus animales

Escrito por  DANIEL RIVERA M./EL PAÍS EN Mar 15, 2017

Peregrinar para que les vendan agua para su consumo y compartirla con sus animales, ese es el suplicio que viven los indígenas del Chaco que viven en las zonas más ricas en gas y petróleo. Las explotaciones petroleras ubicadas alrededor no mejoraron sus vidas como les habían prometido las empresas del rubro y los gobiernos de turno.

Adriana León es de la capitanía de Yaku Igua, perteneciente a Yacuiba, ella vive esa realidad a flor de piel, pues hay días que no tiene agua ni para el aseo diario de sus hijos que van a la escuela. Están obligados a medirse en el uso del líquido elemento.
Hasta ahora no entiende, a pesar de pagar por el agua, por qué deben “mendigar” a la Subgobernación y al Municipio para que les lleven agua, que también la comparten con sus animales para evitar la mortandad por sed. “Cuando las petroleras ingresaron nos dijeron que la vida iba a mejorar, pero nada de eso pasó”, comenta.          
Doña Julia vive en Caiza Estación, otra comunidad indígena, donde la gente está acostumbrada a  cocinar con leña. Pero la deforestación realizada por las petroleras les obliga a caminar a otros lugares lejanos para traer el producto forestal y recién encender el fuego para preparar los alimentos. Mientras al frente de ellos emergen las industrias extractivas y la cañería de gas pasa por su territorio.
Junto a sus compañeros indígenas también peregrinan por las instituciones para conseguir que les manden cisternas con agua. Con suerte en alguna ocasión las empresas petroleras les llevan el líquido, indica. Para ellos es como sacarse la lotería.   
La comunidad de Caigua perteneciente a Villa Montes cuenta con el líquido elemento, pero los habitantes aseguran que está contaminada. Así lo hizo conocer doña Simona, quien fue presidenta de ese pueblo por el año 2012.
Recuerda que el 1975 entró Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) al lugar, era delito oponerse al ingreso. Perforaron unos cuatro pozos y los abandonaron, con el tiempo éstos rebalsaron y derramaron petróleo a una quebrada ubicada a unos diez metros. Como habitantes llegaron a percatarse de ese desastre.
Según su relato, la estatal volvió a ingresar el año 2013 con el argumento de que iban a  mitigar los desastres, pero no salieron nunca más, perforaron más pozos. La contaminación del agua no fue solucionada. Las empresas petroleras les dicen que el líquido está bien, pero ellos no les creen, porque son testigos de cómo el crudo se aloja en  las quebradas.
“Hay enfermedades de toda forma, mueren los niños, hay mujeres con cáncer, las plantas cítricas se secan cada año-relató-. Además en el mercado no nos quieren comprar nuestra producción, nos dicen que está contaminada. De qué vamos a vivir, nuestras gallinas y vacas también se mueren. No sabemos dónde más acudir para que se haga algo”, testificó.     
Gabriel Baldivieso forma parte de la Asamblea del Pueblo Guaraní, siente impotencia al escuchar decir que Caraparí es la capital de gas, cuando con sus compañeros indígenas tiene que correr con las garrafas en mano detrás del camión repartidor, incluso peleándose entre ellos.  
“No sé si eso el Gobierno le llama grandeza, pero nosotros allá sufrimos-relató Baldivieso con una vos entrecortada y conteniendo sus lágrimas-. Nosotros vivimos sobre el gas, pero ese  recurso se lo  llevaron a La Paz, a Brasil, Argentina, y qué hay de nosotros. Las familias que quedan están  pagando todos los errores. Nos están saqueando. A otros compañeros las empresas les pagan y se quedan callados por eso”.
Cómo éstos son varios los relatos que los indígenas quisieron hacer conocer, para que las autoridades sean conscientes de que la explotación no sólo trae riquezas, sino que también provoca daños irreversibles.

Colectivo de DDHH organizó un conversatorio

El Colectivo de Derechos  Humanos y el Grupo de Trabajo de Cambio Climático y Justicia (GCCJ), organizaron el evento denominado en Defensa de la Vida: Mujer-Agua y el Extractivismo. Ahí las mujeres indígenas del Chaco dieron su testimonio entorno a la vida que llevan junto a la explotación de hidrocarburos, las consecuencias que tienen que vivir día a día sin ser escuchadas. También estuvieron presentes los habitantes de Tariquía, quienes hicieron conocer sus preocupaciones por posibles intervenciones.

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