Optemos por no tener límites ni fronteras

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Wooldy Edson Louidor (especial para ARGENPRESS.info)
El concepto de “frontera” entendido como límite geográfico de un Estado y expresión de su soberanía política es cada vez más cuestionado, principalmente desde la perspectiva de la universalidad de los derechos humanos.

El último informe (2013) de Amnistía Internacional denuncia cómo los gobiernos han abusado de dicho concepto, utilizándolo como pretexto para no proteger los derechos humanos de migrantes, refugiados y quienes huyen de sus países en busca de protección internacional.
En virtud de su soberanía política, algunos Estados se han negado a acoger a los refugiados, los migrantes y, en general, quienes pierden su hogar por causa de la violencia, del hambre, de la tortura, de los abusos, del asesinato masivo y de otras violaciones de derechos humanos.
Amnistía Internacional fustiga el hecho de que “gobiernos de todo el mundo muestran más interés en proteger sus fronteras nacionales que en proteger los derechos de sus ciudadanos o de quienes buscan refugio u oportunidades en sus países”.
Por ejemplo, algunos Estados refuerzan el control de sus fronteras, retornando rápidamente a los migrantes que llegan a sus territorios sin tomar en cuenta el derecho de dichos migrantes a solicitar asilo. Es el caso de los migrantes africanos que llegan en embarcaciones al litoral europeo; muchos de ellos huyen de la violencia en sus países de origen.
O el caso de los migrantes centroamericanos que están obligados a cruzar el desierto inhospitalario hacia los Estados Unidos de América porque este país vuelve cada vez más infranqueables los pasos más seguros donde ellos podrían transitar; sólo en 2012 murieron unos doscientos en el desierto.
 Los migrantes, refugiados y las personas en situación de protección internacional figuran entre las primeras víctimas de este abuso del concepto de frontera, asimilado a la soberanía política y a la seguridad nacional. Esta situación lleva a que “el mundo se está convirtiendo en un lugar cada vez más peligroso” para ellos, de acuerdo al informe de la Amnistía Internacional.
Incluso cuando estas personas logran cruzar las fronteras geográficas de los Estados, se encuentran “desorientadas, indefensas” y “expulsadas a los márgenes de la sociedad con una mezcla tóxica de dogmas políticos y de cinismo”, según el mismo informe. Se hallan en las fronteras de la exclusión: “Quienes viven fuera de su país, sin patrimonio ni estatus, son las personas más vulnerables del mundo, pero a menudo se las condena a vivir miserablemente entre las sombras.”
Ante esta situación, Amnistía Internacional invita a “redefinir la soberanía y reconocer la solidaridad y la responsabilidad globales”, ya que cada uno es a la vez ciudadano de un Estado y ciudadano del mundo, y puede optar por no tener límites ni fronteras.
Más allá de su soberanía, los Estados tienen la obligación de proteger los derechos humanos de todas las personas, independientemente de su nacionalidad. Asimismo, la Comunidad internacional no puede utilizar el respeto a la soberanía política de los Estados como pretexto para no actuar ante las violaciones de derechos humanos.

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