Martes, 17 Septiembre 2013 00:48

El fracaso de Naciones Unidas

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Álvaro Cuadra  *
La Organización de Naciones Unidas nació tras la Segunda Guerra Mundial como una forma de constituir un foro internacional para asegurar la paz tras la barbarie nazi.

Se trataba de un organismo que nació junto con la Guerra Fría, aquella confrontación entre el socialismo enarbolado por la Unión Soviética frente a las potencias occidentales. Como una manera de asegurar los equilibrios políticos mundiales, la ONU se organizó en torno a una Asamblea General y un así llamado Consejo de Seguridad. En este último se daban cita los vencedores del momento que se otorgaron el derecho a veto por sobre todo el resto de naciones del planeta: Estados Unidos, Unión Soviética, Francia, Reino Unido y China.
Hasta la fecha, esta burocracia internacional no ha modificado en lo sustancial su diseño político original, aunque resulta evidente que el mundo ha cambiado drásticamente. La Unión Soviética ya no existe y los viejos países colonialistas europeos han perdido gran parte de su preponderancia en las cuestiones mundiales; en suma, la llamada Guerra Fría ya no constituye el eje de los conflictos internacionales. Por el contrario, han emergido otras naciones y otras zonas de importancia, países tales como Brasil o la India, por mencionar dos.
En un panorama signado por la globalización económica mundial en que los problemas que afectan a la humanidad nos conciernen a todos, la burocracia de Naciones Unidas ha perdido todo su fundamento ético y político y ya no es capaz de garantizar la paz ni la vigencia del derecho internacional. En pocas palabras, la ONU fue una organización típica del siglo pasado que hoy resulta obsoleta, su mera existencia en el presente constituye un lastre para la emergencia de otro foro internacional más adecuado a los tiempos.
En la actualidad, las Organización de Naciones Unidas es ignorada cada vez que no sirve a los apetitos de potencias imperiales que actúan fuera de su legalidad. El caso de Siria es muy ilustrativo a este respecto. Sus personeros y sus declaraciones han perdido todo peso en la política internacional y, en el mejor de los casos, es una instancia protocolar o una fuente de empleos. Triste destino para un organismo que se había propuesto salvaguardar la paz mundial y promover el entendimiento entre las naciones. Triste destino, en verdad, cuando a lo largo de toda su existencia y hasta hoy se suceden horrendas masacres, violaciones a los derechos humanos y guerras interminables en todo el mundo, como si la ONU hubiese dejado de existir hace mucho tiempo.

* Álvaro Cuadra es investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP.

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