Documental destaca el Cholet como obra neoandina y alteña

Escrito por  La Paz / Erbol Oct 15, 2017

Los cholet, término originado por la combinación de las palabras cholo –como se denomina a la población mestiza en Bolivia– y chalet, tienen hasta siete pisos, paredes de colores surrealistas y pueden contener desde un salón de fiestas, canchas sintéticas de fútbol hasta un cómodo departamento.

Son construcciones representativas de la nueva burguesía aimara. Se levantan en la ciudad del El Alto, una urbe que crece a pasos agigantados cerca de La Paz, donde estos nuevos ricos emergen con sus castillos rodeados de todas las clases sociales que habitan el lugar.
Al arquitecto e ingeniero Freddy Mamani, inmigrante aimara de 42 años, se le atribuye el surgimiento de esta neoarquitectura andina. El director brasileño Isaac Niemand sintió fascinación por estas edificaciones y todo el contexto social, político y económico que las rodea. Así nació el documental Cholet: la obra de Freddy Mamani, que tuvo su estreno mundial la pasada semana en el Festival de Cine de Arquitectura de Rotterdam, en Países Bajos.
La transición de la playa a la urbe alteña no fue fácil, admite Niemand. Trabajar en una de las ciudades más altas del mundo, más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, “fue duro”, al igual que seguir el ritmo de Mamani, ya que “trabaja mucho, sin parar”. El primer acercamiento del director brasileño con la obra del arquitecto aimara fue mediante el trabajo fotográfico de Alfredo Zeballos en el libro Arquitectura Andina de Bolivia. La obra de Freddy Mamani Silvestre, de las autoras Elisabetta Andreoli y Ligia D’Andrea. “Yo tenia ya formada una idea a través de las fotos, pero la sensación de entrar a sus obras fue estupendo. Pasar del ambiente marrón y sin color de las calles de El Alto a entrar en unos de sus salones, fue como entrar en un jardín sicodélico en medio del desierto”, precisa Niemand.
El filme se sumerge en elementos como la identidad aimara y la creación de estos impactantes edificios inspirados en las gamas de colores de los aguayos, tejido utilizado por las mujeres, y la cosmovisión andina. La narrativa visual se ve reforzada por el factor político, económico y social para la construcción del hilo que guía el filme, elementos que para Niemand eran fundamentales. “Entender el contexto me ayuda a colocar en perspectiva la obra y disfrutarla mucho más.”, explica el realizador.

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