Un día sin mujeres, el poder del mal llamado sexo “débil”

Escrito por  Danitza Montaño T/El País eN Mar 08, 2018

“No hay trabajo de varones, las mujeres somos fuertes”, asegura Patricia Gutiérrez, una pediatra tarijeña de 25 años. Su afirmación es indudable, pues las mujeres en Tarija y en toda Bolivia no le tienen miedo a ningún mal llamado “oficio de hombres”.

Hoy 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se tiene previsto un Encuentro Departamental de Mujeres y desde las nueve de la mañana un paro impulsado por la Red contra la violencia hacia las mujeres.
Mujeres las hay albañiles, taxistas, mecánicas, pediatras, barrenderas, cocineras, sastres… Imagínese usted un solo día sin ellas.
Elisa, Luci, Justina, Lorena y Carla son mujeres que han desafiado los esquemas convencionales, sus historias demuestran lo errado que es llamar a las mujeres el “sexo débil”.

Barrenderas del amanecer
A las tres de la madrugada mientras todos duermen Elisa abre los ojos sin dificultad, se hace espacio entre sus sábanas, recorre a su hija que mientras duerme la abraza y se levanta con la misma convicción de siempre.
Para ella el día comienza cuando los rayos del sol aún no han alumbrado la ciudad chapaca. Luego de dejar listo el desayuno para su hija, prepara la ropa que la niña se pondrá y finalmente encarga el cuidado a su hermana, quien vive en el cuarto del lado.
Ya en su patio, agarra su escoba de chilca, se coloca los guantes. Nunca se olvida de su barbijo, toma su basurero de lata, su bolsa de yute y se alista para llegar a la calle Sevilla, esquina Ingavi. Este lugar ya se ha convertido en un pedazo más de su hogar.
Cuando llega a su puesto de trabajo inicia la limpieza junto a sus compañeras. Algunas personas de sueño ligero escuchan el “ras ras” que provoca su escoba al chocar contra el asfalto.
Las calles chapacas son limpiadas por más de 90 barrenderas para que entrada la luz del día los ciudadanos puedan caminarlas sin pisar la basura dejada a diario.
Elisa está más de 14 años en el oficio, su compañera Lisa trabaja en la calle paralela, su hijo recién nacido es responsabilidad de su esposo hasta que retorna a su hogar, que en promedio ocurre a las siete y media de la mañana. Al igual que todas sus compañeras tiene la misión de dejar limpias las calles.
Las barrenderas de la ciudad de Tarija son personajes desconocidos para la ciudadanía; sin embargo, su trabajo es de alto riesgo y de mucho valor. Cada una de ellas está encargada de una calle, algunas barren desde la calle Sevilla hasta la avenida La Paz, recorriendo todas las rutas perpendiculares paralelas y otras se encargan de la calle Cochabamba hasta la Daniel Campos.

Mujeres taxistas
Pero las mujeres están inmersas en todo. Luci de 30 años de edad está a un año de haber dado a luz a Mateo. Su situación económica la llevó a trabajar desde sus 20 años. Comenzó en el oficio de taxista luego de que despidieran a su esposo del trabajo.
Su labor comienza a diario desde las 6.30 a las 9.30 de la mañana y continúa por la tarde desde las 12.30 a 15.30, su niño se acostumbró a ser su fiel “copiloto”. Luci con voz resignada asegura que a Mateo le gusta estar en el taxi y pasear por diferentes lugares”.
Él ya sabe que sacar la mano por la ventana es malo, que cuando sube al auto debe ponerle el seguro a la puerta, que su mamadera no debe colocarla donde está la caja de cambio sino en la cajuela y que es mejor siempre llevar su mantilla y una chompa por si cambia el clima.
Añade además con risas que la frase: “Mujer al volante, peligro constante”, para ella es sólo un chiste, ya que su labor diaria le ha enseñado a conducir mejor que un varón. “Sé todo sobre autos, incluso de mecánica”, cuenta.
Según una encuesta realizada por El País, no son muchas las mujeres taxistas en Tarija pero aumentan progresivamente. En nuestra ciudad hay cerca de 21 mujeres taxistas distribuidas en 9 empresas de radiomóviles. Las empresas encuestadas fueron: radiomóvil Andaluz, 4 de Julio, Tarija, Full Móvil, Moto Méndez, Excel, Remix, Móvil Sur y Juan XXIII.

Destacadas albañiles
A las cuatro de la madrugada, despierta Justina Soria, de 60 años, es especialista en pintura. Los años no le han impedido ser una mujer albañil.
Justina cuenta que ella es el sustento de su esposo, quien ya no puede trabajar por su edad avanzada, pero también mantiene y paga el estudio de sus tres hijos. Sobre su trabajo destaca: “La ventaja es que nosotras somos más detallistas por naturaleza, entregamos trabajos de primera”.
Aunque en Tarija no hay un registro oficial de cuántas mujeres albañiles hay, diez contratistas consultados por El País eN revelaron que de cinco obras al menos en dos han trabajado con mujeres. “Ellas comienzan ayudando a sus esposos o a sus padres y luego se ven en la necesidad de aportar a la casa y se quedan en el oficio, su trabajo es bueno porque son detallistas”, dijo Paulino.
A nivel nacional, según registro oficial, existen 200 mil mujeres que se dedican al trabajo de albañiles. Por tal motivo crearon la Asociación de Mujeres Constructoras (Asomuc) de La Paz.
“Vayan a la cocina”, “¿no tienen algo que remendar?, “vayan a dar leche a sus hijos”, “sólo los hombres servimos para esto (construcción)” son algunos de los muchos insultos que enfrentan las mujeres albañiles en sus fuentes laborales por parte de los varones del rubro, empero no se rinden. Esto lo dieron a conocer seis de las 35 afiliadas a la Asociación de Mujeres Constructoras Asomuc.

Hábiles mecánicas
“Lo primero que hice fue meterme a las llantas, sacar los muñones, las rotulas, las cubetas, los frenos, las pastillas, eso que es lo más sencillo”, cuenta entusiasmada Lorena Cadena Ortiz, quien a sus 13 años de edad ya había desarmado un motor en el taller de su padre.
De esa manera tan natural y sencilla, Lorena de 22 años de edad, habla de la mecánica automotriz y los conocimientos que tiene sobre los autos y motores.
Metida en este oficio desde los 11 años, logró de manera destacada su título de técnica superior en mecánica automotriz en el Instituto Tecnológico Tarija y ahora sueña con abrir su propio taller especializado en electricidad del automóvil. Espera que esté cerca del negocio de su padre, para trabajar con él.
También tiene el deseo de enseñar y trasmitir sus conocimientos a otras mujeres que tengan la misma pasión que ella por este oficio.
“Tendría once años cuando empecé a ir al taller a ayudar a mi padre, después fui creciendo un poco más y él ya me mandaba a hacer las cosas, como desarmar motores, bajar motores, lavarlos, o sea, los dejaba listo para que él los arme”, relata.
Consultada sobre cómo se las ingeniaba para un trabajo que requiere de fuerza, ella dice que “sólo había que pensar un poquito” para hacer más fuerza. Cuenta que utilizaba las llaves con tubos, barrotes y con eso se hacía más liviano el quehacer. Si requería más fuerza, aumentaba un tubo y “listo”. “Para bajar el motor lo sacábamos con la pluma”, dice.
En Tarija las mujeres mecánicas no son muchas, pero Lorena asegura que van en aumento, pues en el Instituto Tecnológico Tarija hay cada vez más inscritas en esta rama.

Técnicas en celulares
En otro caso, Carla Vidaurre es una joven de 26 años que se dedica a la reparación de celulares, y a quien desde pequeña le comenzó a atraer la práctica de armar y desarmar objetos, ya que creció viendo a su mamá que era orfebre y reparaba relojes.
“Al principio era mi hermano el que reparaba, pero un día se fue y me dejó sola y a la fuerza tuve que aprender”, dice y explica que no es difícil reparar un celular, ya que su sistema es mucho más sencillo que el de un reloj, que fue lo primero que ella aprendió a hacer.
“A los 8 años desarmaba y armaba relojes, los limpiaba. Su mecanismo es más complicado, son muchas piezas chiquititas y ya a los 15 aprendí a repararlos y me incliné por la joyería, me gustaba soldar las piecitas”, cuenta.
También revela que le gustaba el oficio de hacer llaves a lo cual se dedica su padre. “Él tiene una tienda y cuando era chiquita me gustaba, era bonito hacer llaves pero mi papá me cortó y no me dejó seguir porque dijo que ese no era oficio para mujeres, les enseñó a mis hermanos”, revela.
Hoy a Carla le va muy bien en la tienda que administra con su esposo y en la que se dedica a la reparación de celulares. Además escogió una carrera que aún estudia y en la que hay más varones que mujeres. “Estudio Ingeniería en Redes, y en esa carrera hay menos mujeres. Pero vamos ganando espacio, de cada 30 estudiantes, cinco son mujeres”, afirma.

Un paro internacional

Las redes sociales estallan de consignas: #NosotrasParamos #NosParamos #ParamosTarija, éstas son solo algunas formas de agrupar los distintos llamados al #8M, el día en el que las mujeres de diferentes países harán un cese de actividades para para visibilizar y reclamar por los distintos tipos de violencia, que terminan incluso con sus vidas.
Hacer un relevamiento exhaustivo de los lugares y horarios de las movilizaciones o actividades es prácticamente imposible. La característica principal de los movimientos de mujeres es su carácter autoconvocado y es por eso que, de manera espontánea, muchos eventos se suman de manera continua a la jornada de lucha.
De manera colaborativa, organizaciones internacionales armaron un mapa en el que pueden verse eventos reportados en varios países del mundo.
Las reivindicaciones son múltiples: desde reclamos por las diferencias en el mercado de trabajo —condiciones laborales, brechas salariales o techos de cristal—, hasta la forma más extrema de violencia.
En América latina, el Observatorio de Igualdad de Género de la CEPAL contabilizó 1998 femicidios. Esta cifra es impactante: por día son asesinadas 12 mujeres en la región.