Las bolsas plásticas, un mudo peligro que crece en Tarija

Escrito por  danitza montaño t/El País eN Nov 30, 2017

Es un problema dormido en las calles que asfixia a seres silenciosos que se deshace en partículas, las cuales se dispersan y contaminan el aire llegando hasta lugares inimaginables. Se dice que son impermeables, que son fáciles de manejar, que no ocupan espacio y que te las dan gratis en cualquier puesto de venta o súper mercado. Sin embargo, una vez creadas es casi imposible destruirlas.

Las bolsas plásticas tienen una vida de 1.000 años y se producen entre medio y un billón anual. Este producto para cualquier persona le resulta muy cómodo de utilizar al ser, como dijimos: Liviano, manejable, impermeable y por supuesto fácil de adquirir. Cuando vamos al mercado o a cualquier tienda la bolsa plástica es gratuita y se consigue con sólo comprar cualquier producto. Empero ¿Cuán caro nos sale lo cómodo y lo barato?
Sí damos otro paso a las calles de nuestra ciudad vemos como éstas han invadido cada rincón, salen de los basureros domiciliares, son extraídas de ahí por perros callejeros, son arrastradas por el viento en las aceras, se enredan en los árboles y cables de luz, tapan las bocas de tormenta e incluso se enmarañan en las pequeñas patas de algunas aves como las palomas de nuestra plaza Luís de Fuentes.
A menudo vamos al mercado y observamos que este tipo de bolsas se utilizan para todo desde comprar pan hasta para llevar la sopa al hogar, lo mismo sucede en todas las ferias de nuestra ciudad, ¿Dame caserita una bolsita? Se escucha el ruego de la ama de casa. Pero hay también, en las ferias, niños que ofrecen las bolsas plásticas, con gran insistencia. “Dos bolsas por un peso, llévame amiga”, es un pedido que muchas veces termina por convencernos aunque no necesitemos las famosas bolsas pero pensamos “Un peso no nos hace nada y dos insignificantes bolsitas no ocupan espacio y nos pueden ser útiles para cualquier compra”.
Sin embargo, detrás de este simple pensamiento ignoramos que estamos fomentando una peligrosa amenaza para la naturaleza. Estas bolsas son residuos sólidos inorgánicos, producidos en base a petróleo, en cuya producción se genera dióxido de carbono que empeora el calentamiento global y el cambio climático. “Las insignificantes bolsas” tardan un segundo en producirse, veinte minutos en utilizarse y tienen una vida estimada de 1.000 años, antes de romperse en pequeñas partículas tóxicas y reintegrarse a la naturaleza. Mientras tanto ocasionan daños al medio ambiente y a la salud de los suelos y animales.
Y es que este problema silencioso se ha convertido en el símbolo más destacado de la comodidad y por supuesto de la cultura social de “Usar y tirar” en Bolivia, a tal punto de estar avanzando en todas las ciudades de nuestro país. De acuerdo a datos de la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema) una familia boliviana usa anualmente 365 bolsas de plástico sólo en la compra de pan. En 300.000 familias son alrededor de 100 millones de bolsas que se utilizan cada año.
La generación de bolsas y botellas plásticas representa el 8,5 por ciento de los residuos sólidos que se generan diariamente en las ciudades del país, lo que significa 46 mil kilogramos diarios en La Paz, 25 mil kilos diarios en El Alto, 9 mil kilos diarios en Oruro, 34 mil kilos diarios en Cochabamba, 46 mil kilos diarios en Santa Cruz. Esto nos da una idea de la cantidad de botellas y bolsas plásticas que se venden diariamente.

Tarija y el problema
La cantidad de población ya no es una limitante para este problema, debido a que Tarija al ser uno de los departamentos, en extensión, más pequeños de Bolivia y una de las ciudades más limpias también es víctima de esta amenaza. Aunque no existen datos estadísticos sobre la problemática regional, ésta se proyecta en varios niveles de nuestra realidad donde observamos que las personas no le prestan la debida atención al problema.

Las bolsas en los mercados
Las bolsas plásticas generalmente se usan en la compra de pan, verduras y fruta. Los mercados son los principales lugares de expendio de éstas. “Es muy difícil vender el pan en otra cosa, a no ser que los que vienen a comprar traigan sus bolsas de tela, pero es raro el que trae su bolsón, más bien nos retan cuando se acaban las bolsitas”, contaba María Farfán vendedora del mercado Central. “Uta las verduras imposible vender en otra cosa o las frutas, lindo sería que cada cliente venga con su bolsita pa no gastar nosotros”, decía Martha Vega verdulera del mercado Campesino.

En los ríos
Otra situación preocupante es que las bolsas plásticas finalizan en nuestro río Guadalquivir, dañando sus aguas y la vida acuática existente en él. Se convierten en mortales trampas para las pequeñas garzas que se alimentan en las orillas. También dañan el organismo de animales domésticos como perros que buscan en ellas sobras de comida y muchas veces ingieren un pedazo de éstas.
“Las bolsas llegan al río por el viento y porque la gente viene a hacer día de campo, trae sus víveres y deja las bolsas tiradas”, señaló Patricia Molinedo vecina de San Luís, zona aledaña a las orillas del Guadalquivir.

En el campo
Otro efecto preocupante se da en el campo refiriéndonos al perjuicio que ocasionan, las bolsas plásticas, a la fertilidad de la tierra debido a que ésta queda contaminada por más de 120 años, sin que la misma pueda ser mejorada en el ámbito de la productividad agrícola.
Afecta también al ganado, al cual, la ingestión de este tipo de bolsas, le provoca la muerte. Este factor empeora la crisis económica para las familias. “Aquí hay bolsas de años enterradas en la tierra, cuando cavas pa plantar encuentras muchas. Las vacas a veces no se dan cuenta de las bolsas que están en medio de las champas y se comen pedazos, esto es grave pal animalito y claro pal dueño también”, nos comentó Florencio Carrillo, campesino de Erquis.

Las bolsas en las calles
La población consume diferentes productos que vienen contenidos en pequeños envoltorios, los cuales son tirados en las aceras. Empero, la mayor parte de estas bolsas residuales que permanecen en las calles son recogidas por Emat (Empresa Municipal de Aseo Tarija) y son trasladadas a vertederos, sin embargo tardan más de 150 años en descomponerse y degradarse.
La pequeña fracción que se recicla supone, por su parte, un elevado coste económico. Por lo que se refiere a su valorización energética (incineración), no está exenta de problemas ambientales (emisiones a la atmósfera).

Las bolsas en los parques
Llevar a los niños al parque y comprarles una bolsa de papas fritas o de tostado, es una costumbre ya en Tarija. Sin embargo muchas veces no enseñamos, a los pequeños, a tirar las bolsas en los basureros y sin darnos cuenta ya han depositado los envoltorios en un rincón, en el césped o en el pequeño lago que adorna nuestro parque.
Así, las bolsas continúan siendo un problema silencioso en Tarija ¿Hasta cuándo?

 

los
datos

el impacto en el
medioambiente

Ecosistemas acuáticos
El mar y ríos se han inundado de bolsas plásticas, estos desechos cubren miles de kilómetros de su fondo, atacando a peces, corales y arrecifes, puesto que les impide su normal desarrollo. De acuerdo con la Sociedad Océano Azul 46.000 pedazos de basura plástica flotan en cada milla cuadrada de superficie del mar.

La biodiversidad
Las bolsas plásticas atrapan a débiles animales asfixiándolos. Otros al tragarlas obstruyen sus intestinos y mueren por hemorragias e inanición, rompiendo por ende la cadena alimenticia y entre otros efectos un porcentaje de las bolsas es incinerado expulsando tóxicos y venenos al aire.

La microflora del suelo
Las bolsas plásticas causan daños a la fertilidad de la tierra debido a que ésta queda contaminada por más de 120 años, generan grandes índices de erosión sin que la tierra pueda ser mejorada en el ámbito de la productividad agrícola. El ganado es una gran víctima de las bolsas plásticas.

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