Ser mujer y madre, un riesgo de muerte en el área rural

Escrito por  Redacción central/El País eN Nov 22, 2017

Mi madre se acabó porque estaba enferma de la matriz. No pudieron sacarla del pueblo y aquí no había quién la atienda. Por esto, está prohibido enfermarse en Samayhuate, sino uno se muere”, dice Juana con voz firme mientras cocina en un viejo fogón una sopa de zapallo.

A ella le tocó ver morir a su madre cuando era joven, por lo que hoy el recuerdo de la poca atención médica le causa molestia, al igual que a todos los habitantes del pueblo. Pero el caso de Juana no es aislado, puesto que entre la poca cantidad de personas que se encuentra en la zona, en una mañana cualquiera, se cuentan historias similares.
Cresencia Tato, la mujer del Capitán Grande y partera por necesidad -con una expresión de dolor que frunce su rostro- dice que hace quince años atrás le tocó ver morir a su tía cuando estaba a punto de dar a luz. Relata que su pariente tenía un embarazo de riesgo y cuando pasaba por los últimos meses de gestación le vino una hemorragia, que no pudieron controlar.
“Los hombres no podían salir porque creció el río y no se podía cruzar la banda. Recuerdo que ella botaba harta sangre…”, dice mientras clava su mirada en el duro suelo de tierra, que en secreto guarda toda la vivencia del pueblo.
Samayhuate es un pueblo tapiete, ubicado en las entrañas de Villa Montes. Sin embargo, no es necesario ir tan lejos para contar este problema, pues no es el único lugar donde la atención médica es tardía.
Según dirigentes campesinos tarijeños los puestos sanitarios más lejanos se encuentran en comunidades de la zona alta, San Lorenzo, valles de Tomayapo, Paicho como también en el Puente, la zona norte de Entre Ríos, Tariquía, Padcaya, chaco seco de Villa Montes y también Bermejo.
Todas estas zonas reciben atención médica hasta una vez a la semana. El dirigente campesino Osvaldo Yucra afirmo: “Queremos denunciar sin miedo a represalias y con la verdad, que la atención médica en las comunidades, no es de las mejores, debido a que los enfermeros, enfermeras y los médicos asignados, sólo trabajan un par de horas y se retornan a la ciudad. No sabes si tienen que marcar tarjeta porque ya no paran en su puesto laboral”. “Las mujeres indígenas, las mujeres rurales tienen cuatro veces más probabilidades de morir por causas de embarazo, parto y post parto, que las mujeres urbanas y las mujeres no indígenas. Este es uno de los datos de inequidad que más saltan a la vista cuando hablamos de las inequidades de género, de las inequidades que existen entre mujeres rurales, indígenas y las demás mujeres”, revela un informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas en Bolivia (Unfpa).

Tarija avanza pero le falta
La mortalidad materna implica a toda mujer que muere en el periodo de embarazo, en el parto y después del alumbramiento hasta los 42 días.
Hace muchos años el departamento tenía una de las más altas tasas de muerte materna, empero este problema tuvo una notable reducción, ahora Tarija se encuentra con una de las más bajas tasas después de Santa Cruz.
Los últimos datos del Gobierno muestran que Tarija redujo la tasa de mortalidad materna, de 79 por cada 100.000 nacidos vivos a 67. Cifra que está dentro de las meta de desarrollo sostenible.
Pero comparado con Tucumán Argentina, que tiene una tasa de 40 por cada 100.000 nacidos vivos, a Tarija le falta redoblar esfuerzos y asumir más políticas para llegar a ese nivel.
En el ámbito nacional la reducción fue de 187 por cada 100.000 nacidos vivos a 160, acorde al Censo 2011 del Instituto Nacional de Estadística (INE). Pero según la Fundación Jubileo hasta el año 2015 estaba entre las más altas de América del Sur. Según la Organización Mundial de la Salud, la razón de mortalidad materna en esa gestión estaba entre 140 y 351 muertes por cada 100.000 nacidos vivos.
Los datos del Comité Departamental de Muerte Materna de Tarija, en base a la tendencia de decesos registrados, muestran que en el departamento, el número mayor de muertes maternas se tuvo en el año 2007, registrándose 12 fallecimientos.
Sin embargo, en años posteriores no pasaron de las cuatro, incluso hasta el 2016. Respecto a lo que va de la gestión 2017 se registraron tres, pero dos fueron pacientes derivadas de otros departamentos.
Pero más allá de esto los problemas de atención médica continúan siendo un riesgo para las mujeres, sobre todo cuando se ha comprobado que en Tarija los centros médicos o están muy lejos o no tienen el personal ni los medicamentos necesarios.

En Bolivia, el
problema persiste
La mortalidad materna en el área rural de Bolivia sigue siendo la más alta, solo 31% de las muertes se registra en las capitales de departamento y en El Alto, el resto, es decir, el 69% corresponde a áreas consideradas rurales o periurbanas.
A pesar de los esfuerzos que las autoridades de Bolivia han realizado durante los últimos años para tratar de reducir la mortalidad materna, el país sigue teniendo unos de los peores resultados en ese rubro en el continente.
Esa mortalidad se concentra sobre todo en las mujeres indígenas y rurales y según datos del Fondo de Población de la ONU (UNFPA), se observa un incremento en el fallecimiento de mujeres jóvenes a la hora del parto.
Expertos en el tema explican que si en Bolivia se pudieran manejar la planificación familiar, el acceso a servicios calificados del sistema de salud y el manejo de las emergencias obstétricas, se podrían evitar la gran mayoría de esos fallecimientos.
Un informe del Ministerio de Salud señala que la mortalidad materna disminuyó de 1986, cuando se reportaban 416 decesos por cada 100 mil nacidos vivos, a 2003 con 229 por cada 100 mil nacidos vivos. En 2011 se redujo a 140 muertes de madres por cada 100 mil nacidos vivos.

Motivo de los fallecimientos
Diversos factores provocan que las mujeres sigan muriendo en el área rural del país, principalmente por causas controlables como la hemorragia o la hipertensión.
También juegan contra la vida de las mujeres la falta de hospitales, de insumos necesarios para la atención, de agua y servicios básicos en centros de salud, de redes de referencias, de caminos carreteros y ambulancias que permitan el traslado oportuno de las mujeres a centros de salud. Eso al margen del aspecto cultural que a veces frena la llegada de la gestante al centro de salud.
Un total de 600 madres fallecen por complicaciones en el embarazo cada año, conforme datos oficiales. La mayor cantidad de las muertes maternas ocurren en el área rural. De esas, casi la mitad ocurre en los domicilios, lo que indica que las mujeres aún no pueden llegar a los centros de salud
Esta problemática se ve reflejada en las cifras que revelan que del 100% de fallecimientos; el 42% ocurrió en domicilios, el 37% en establecimientos de salud, el 17% en el traslado. Para 2011, los departamentos de La Paz, Potosí y Cochabamba presentaron la mayor cantidad de muerte materna en Bolivia, estando éstas por encima del promedio nacional, 160 por cada cien mil nacidos vivos.

Las políticas del Gobierno
En el año 2016, en su informe al país por sus diez años de gestión, el presidente Evo Morales reconoció que una de las principales debilidades de su gobierno es la elevada tasa de mortalidad materna. Además, lamentó que el país ocupe el segundo lugar de registros de este mal en América Latina. “Sobre la mortalidad materna estamos muy atrasados, es el segundo país de toda América Latina, se ha reducido, pero eso no se siente”, dijo Morales durante su discurso informe.
El Primer Mandatario pidió propuestas para erradicar la mortalidad materna. “Tenemos varios técnicos, médicos, enfermeras, asambleístas, quisiera que la gente que conoce y tiene mucho sentimiento social proponga una propuesta”, sostuvo.
El Gobierno implementó programas como el Bono Juana Azurduy, que va de la mano del seguro médico para el control prenatal, y el programa Mi salud, que llega a más de 300 municipios, pero esto no es suficiente.

La historia de siempre

La siguiente historia, recogida en el estudio nacional de mortalidad materna habla de las carencias a las que se enfrenta una mujer en el área rural: “Mi esposa falleció 3 semanas antes de la festividad de Todos Santos del año 2011, después de estar cuatro días con dolor de estómago. Ella estaba embarazada de nueve meses. A los tres días del dolor llegó el enfermero y nos comunicó que debía ser llevada al hospital. Nos pidió sacarla hasta el camino y él se adelantaría para llamar a la ambulancia, pero el papá de mi esposa se opuso, diciendo que su hija no iría a morir a otro lado y que ahí nomás la salvarían. Al cuarto día nació el bebé muerto y como quince minutos después murió mi esposa después de sangrado abundante”.
Según los relatos incluso hay lugares del país donde no hay carreteras y sacan a las mujeres embarazadas en carretillas, en hamacas o cargadas por los hombres de la comunidad. Otras son atendidas por sus mismos esposos o parientes, sin la presencia de parteras o médico y sólo asisten a los hospitales cuando se les presenta las complicaciones.
La relación de mortalidad materna aún es una de las más elevadas del Continente, solo después de Haití.

 

los
datos

Tres demoras que
causan la muerte

La primera demora
La mayoría de las muertes maternas pueden evitarse, pero debido a diferentes complicaciones las mamás mueren durante el traslado a los hospitales o la falta de atención oportuna en los establecimientos de salud. En muchos casos también influye el factor cultural, sobre todo en el área rural donde las mujeres tienen miedo que “otros” invadan su intimidad.

La segunda demora
La segunda demora es la accesibilidad, sobre todo en áreas alejadas donde las mamás y sus familias deben peregrinar para conseguir un medio de transporte para ir hasta un establecimiento de salud, muchas veces son llevadas en carretillas y por la distancia se pierde minutos valiosos. En caso de que la comunidad o la zona dispongan de ambulancias, la paciente debe esperar.

La tercer demora
La tercera es la falta de atención calificada en el momento de la emergencia, ya que la mayoría de los casos se producen en horas de la noche y los establecimientos de salud sólo cuentan con personal de “emergencia” y a veces sólo hay un médico general que debe hacer de pediatra, ginecólogo, y otras especialidades por lo que muchas veces se les dificulta atender un parto.

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