Domingo, 19 Noviembre 2017

La sangre, drogas y asesinatos que marcaron al barrio África

Escrito por  REDACCIÓN CENTRAL/ EL PAÍS EN Jul 17, 2017

La trágica tarde de un 18 de septiembre de 1998 quedó marcada para siempre en la historia de Yacuiba, pero también del barrio África, conocido como la zona más peligrosa de la ciudad fronteriza.

Ese día, un librecambista perdió la vida a mano de tres sicarios y luego, dos gendarmes argentinos corrieron con el mismo fatal destino.
Los gendarmes Adrián Reynoso y Leocadio Salto, alertados del hecho se habían dirigido a intentar capturar a los delincuentes que intentarían cruzar de Bolivia a Argentina, pero fueron sorprendidos, reducidos y más tarde asesinados. Sus cuerpos fueron tirados en el sector 5, ubicado a unos pocos kilómetros al este de la ciudad de Salvador Mazza, en el límite con Bolivia y frente al “tenebroso” barrio África, de San José de Pocitos.
Los asesinatos, la venta de droga y sicarios fueron el común denominador en aquel barrio por muchos años, tanto que incluso en el vecino país de Argentina llegaron a temer a este lugar, que fue producto de varios reportajes y referencias en los noticieros argentinos.
Tanto que por ejemplo, un chofer de taxi en una entrevista con un medio de comunicación de Argentina, relató mientras daba un tours al periodista, que en el lugar era prácticamente imposible caminar de noche, pues si te pillan te “miden el aceite” (apuñalar).
“De noche se pone bravo, porque hay muchos drogos, esos que fuman y si pasas por ahí, si estás solo, te alzan, te cogotean, te apuñalan. Y como es corto nomás, les da el tiempo como para que se escapen, se meten a la quebrada y de ahí no los pillas más”, relataba a cerca del barrio que es frontera con Argentina.
Consultado sobre el trabajo y presencia policial, dijo que tienen su respectivo puesto policial, pero éstos son amedrentados, por lo que no se sentía la mano de la institución verde olivo.
Según palabras de conductor, los asesinatos en aquel lugar eran algo común, y por lo general se debían a ajustes de cuentas, que “se ven mucho por aquí”. “Te voltean la mercadería y te matan pero no te meten un tiro, te meten como 40; recuerdo que una vez usaron una amatralladora, en otra ocasión le tiraron a uno con una granada, pero no murió y después le metieron más tiros”, relataba en ese entonces.
Así, para el barrio que tiene ya 63 años de existencia, casi los mismos que San José de Pocitos, la fama y el estigma de ser un lugar en donde sus vecinos trabajan para los contrabandistas y para los narcotraficantes, fue algo que le acompañó desde sus inicios.
De hecho, varios de los vecinos de este lugar, que prefieren guardar su identidad, de pie y bajo la sombra de un frondoso árbol, reconocen su pasado y alguno de ellos admitió que si se actuaba de esa manera era por el dinero y la falta de oportunidades. Sin embargo, desde el año 2010, cansados de tantos delitos decidieron organizarse y desplazar paulatinamente a los delincuentes, que antes los amenazaban para silenciarlos o sacarles dinero.
Los vecinos cuentan que ellos sufrían por extorsiones, secuestros y tiroteos contra miembros de su familia por parte de recién llegados que circulaban todo el tiempo de un lado a otro de la frontera. Ellos aseguran que los desconocidos eran de nacionalidad argentina.
Pero del otro lado de la quebrada, los argentinos afirman que los “africanos” son los responsables de los delitos que ocurren en aquel sitio fronterizo.

Un estigma que persigue al barrio desde sus inicios

En San José de Pocitos la Policía redobló la seguridad ciudadana con la llegada de motocicletas, cuadratracks y camionetas. Y si bien, en la actualidad los efectivos policiales tienen identificadas nuevas zonas donde se perpetran crímenes, como ser el barrio San Jacinto, el barrio La Cruz, y algunas comunidades del área rural. Pese a todo, los vecinos están conscientes que el estigma de los africanos perdurará durante algún tiempo más.