La vida y muerte de Grady Stiles, el “Chico Langosta”

Escrito por  Quepasasemanal.com Mar 26, 2017

Chris Wyant se quedó inmóvil ante la puerta del trailer de El Chico Langosta. Por la televisión daban una vieja película en blanco y negro que Grady Stiles disfrutaba con locura aquella noche de invierno de 1992.

Entre esas cuatro paredes Stiles dejaba de lado su papel de atracción de circo que profundamente detestaba –la gente pagaba para ver a ese hombre que padecía una enfermedad hereditaria (ectrodactilia) que le había ocasionado una malformación de sus pies y manos a tal punto que sus extremidades adquirían la forma atroz de pinzas de langosta.
Wyant había cumplido 17 años, pero ya tenía demasiados problemas. Los dólares que le habían prometido pesaban más que el miedo que rodeaba a El Chico Langosta: su alcoholismo lo había vuelto violento, una criatura que daba terror hasta a sus compañeros de circo. Debido a la ectrodactilia, Stiles no podía caminar. A veces usaba una silla de ruedas, aunque prefería sus manos y brazos para arrastrarse. Así desarrolló una fuerza increíble que usaba para tiranizar a su esposa e hijos.
La razón para que Stiles se hubiera convertido en un ser despreciable era su deformidad. Su familia tenía una larga tradición en padecer ectrodactilia. Dos de los cuatro chicos de El Chico Langosta la sufrían. En la intimidad, Stiles detestaba su destino.
Puertas afuera, la vida Stiles, lo que había logrado pese a su dificultad física, era admirable: junto a su esposa María –una bailarina que conoció en un circo– y sus dos hijos había creado el show de “La familia Langosta”. Viajaban por las ciudades como atracción de feria ganando dólares y aplausos. Durante el invierno se refugiaban en Gibsonton, Florida, un pueblo que también otros compañeros de circo habían elegido para vivir.
Para El Chico Langosta nada era suficiente. Luego de 15 años de matrimonio Teresa decidió huir de ese infierno. Abandonó a su hija Donna que vivió hasta los 16 años con su padre, pero un día también se cansó de tanta maldad. El pasaporte para su libertad era casarse. Su noviecito Jack de 18 años fue a pedirle el permiso al Chico Langosta, un maldito error que terminó en tragedia.
Al principio Jack habló por teléfono con el padre de su novia, pero todo terminó en gritos y hastío. Al cabo de un par de horas, el jovencito recibió un llamado que parecía una esperanza: El Chico Langosta estaba dispuesto a firmar el permiso. Se lo dijo con un tono dulce que ocultaba su plan siniestro.
De la única ceremonia que Jack participó fue de su funeral. El Chico Langosta le dio dos tiros mortales. Donna siempre guardó su vestido de novia: era un recuerdo de un tiempo que pudo ser feliz. Y también la certeza de que había que matar a su padre.
Grady Stiles no pudo sentarse en la silla eléctrica: el tribunal lo encontró culpable de asesinato en tercer grado. Con 15 años a cuestas, El Chico Langosta fue dejado en libertad: tenía cirrosis y un enfisema, culpa de los dos paquetes de Pall Malls que consumía por día.
A la familia les dijo que sus años en prisión habían servido de algo: la maldad no era un buen negocio. María y sus hijos otra vez creyeron en él. Regresaron a viajar por cada rincón de los Estados Unidos ofreciendo su espectáculo que la gente amaba: tenían así algo para hablar durante la comida.
La felicidad como el amor siempre está por venir. Las ilusiones de María y sus hijos se volvieron barro. El Chico Langosta regresó al alcohol y a su despotismo. Entonces salió la idea de su familia de hablar con un vecino que siempre tenía problemas de dinero.

La muerte del chico langosta

Harry Glenn Newman Jr. –hijo de María de un primer matrimonio– convenció a Chris Wyant de matar a su padrastro. Sólo tuvo que mostrarle 1500 dólares. Tres tiros en la nuca y un fin para la historia de El Chico Langosta.
A Wyant le dieron 27 años en prisión; Harry Newman recibió una cadena perpetua mientras que María obtuvo sólo 12 años.
La leyenda es contada por varias personas.